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Entre la carga institucional y la vocación de justicia: la experiencia de un agente del Ministerio Público en la CDMX

  • hace 6 minutos
  • 3 min de lectura

Por Diana Montes de Oca Heras

Ciudad de México a 11 de julio de 2026


En un contexto en el que la procuración de justicia en México enfrenta constantes cuestionamientos, conocer desde dentro el funcionamiento de las instituciones resulta clave para comprender sus retos y transformaciones. 


En esta entrevista, el Lic. José Ignacio Muñís, agente del Ministerio Público adscrito a la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJ),  con más de dos décadas de experiencia, comparte su trayectoria, reflexiones y desafíos dentro del sistema.


Desde sus primeros acercamientos al ámbito jurídico, su vocación estuvo marcada por una experiencia cercana: su hermano también estudió Derecho. Sin embargo, más allá de la influencia familiar, lo que definió su camino fue, de acuerdo a sus palabras, observar el trato ineficiente hacia la ciudadanía en las fiscalías y ministerios públicos. 


“Eso me motivó a querer hacer las cosas mejor, a impartir justicia de forma más digna”, señala

Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), su formación profesional incluyó cursos especializados como el de Formación Inicial para Agente del Ministerio Público, además de evaluaciones de control de confianza.


 Su trayectoria inició en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, donde trabajó en la integración de expedientes relacionados con delitos financieros. Posteriormente, ingresó como agente del Ministerio Público, consolidando una carrera que lo llevaría a participar en casos de alto impacto, como el cateo al empresario Zhenli Ye Gon,quien fue acusado en 2007 de tráfico de dinero, en dicho cateo, comenta, se aseguraron millones de dólares, armas y sustancias ilícitas.


Actualmente,  se desempeña como responsable de agencia en la Coordinación Territorial Gustavo A. Madero (GAM-4). Su labor cotidiana implica la revisión e integración de carpetas de investigación, además de supervisar procesos en unidades de atención temprana. 


“El trabajo es más llevadero cuando te gusta lo que haces, pero también implica una gran exigencia”, afirma.

Uno de los aspectos más complejos de su labor es la sobrecarga de trabajo, agravada por la falta de personal. A esto se suman condiciones operativas adversas, como el traslado constante a otras instalaciones tras el incendio de las galeras en GAM-4.


 “Hay que adaptarse, moverse y seguir cumpliendo con la responsabilidad”, explica.

En cuanto a las habilidades necesarias para ejercer esta profesión, destacan el análisis, trabajo en equipo y manejo de estrés. Asimismo, subraya la importancia de dominar herramientas jurídicas como el Código Penal y el Código Nacional de Procedimientos Penales, así como la teoría del delito, fundamental para clasificar correctamente las conductas y garantizar procesos justos.


Desde su experiencia, el sector público presenta dinámicas laborales más demandantes que el privado, donde, los horarios suelen ser más flexibles y los casos más especializados. No obstante, encuentra satisfacción en los logros obtenidos, especialmente en casos donde se han asegurado recursos ilícitos o se ha logrado una correcta integración de investigaciones.


Respecto al panorama actual de la profesión, reconoce que existe una carga acumulada de trabajo y una percepción social aún marcada por la desconfianza. Sin embargo, también identifica avances importantes, particularmente a partir de la implementación del sistema penal acusatorio.


“Antes bastaba con el dicho del Ministerio Público; hoy hay mayor transparencia, todo queda registrado en audiencias y se respetan más los derechos de las personas imputadas”, destaca.

Mirando hacia el futuro, considera que la tecnología, especialmente la inteligencia artificial, jugará un papel relevante en el ejercicio del Derecho, aunque advierte sobre la necesidad de regular su uso. 


“Puede ser una herramienta útil, pero la justicia requiere criterio humano”, enfatiza.

En el plano ético, señala que la transparencia es un principio fundamental, así como el respeto a los derechos humanos. Aunque reconoce que la corrupción ha sido un problema histórico, afirma que ha disminuido significativamente en los últimos años, menciona que su mayor reto en este momento, es agilizar el ritmo de trabajo ante la acumulación de trabajo de años anteriores.


Finalmente, ofrece un consejo a las nuevas generaciones de estudiantes: aprovechar al máximo su formación académica, incluso en áreas que no resulten de su interés inmediato.


 “Nunca sabes en qué vas a trabajar al salir. Todo conocimiento suma”, asegura.

 También advierte sobre el riesgo de ejercer una profesión sin vocación:

 “Dedicarse a algo que no te gusta puede convertir el trabajo en una carga y afectar la calidad de lo que haces”.

Esta entrevista no solo revela las complejidades del trabajo en el sistema de justicia, sino también la importancia del compromiso ético y la preparación constante en una profesión que impacta directamente en la vida de las personas.


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