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Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos: 12 años de búsqueda por los 43 estudiantes de Ayotzinapa

hace 17 horas
5 min de lectura

Redactado por: Daniela Lizzeth Vázquez Uribe.

26 de septiembre de 2026

Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México.


Foto por: Lizzeth Uribe
Foto por: Lizzeth Uribe

A doce años de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, sus madres y padres volvieron este sábado 26 de septiembre a las calles de la Ciudad de México para exigir verdad, justicia y conocer el paradero de sus hijos.


La movilización partió alrededor de las 16:00 horas desde las inmediaciones del Ángel de la Independencia y avanzó sobre Paseo de la Reforma rumbo al Centro Histórico. Al frente del contingente caminaron madres y padres de los 43 estudiantes, acompañados por alumnos de distintas escuelas normales rurales, estudiantes de otras instituciones, organizaciones sociales y colectivos. Durante el recorrido, las fotografías de los jóvenes estuvieron presentes entre los manifestantes, mientras las consignas exigían verdad y justicia por los hechos ocurridos en Iguala.


El contingente avanzó por Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, Eje Central Lázaro Cárdenas y 5 de Mayo hasta llegar al Zócalo capitalino, donde se realizó el mitin encabezado por los familiares. De acuerdo con cifras del Gobierno de la Ciudad de México, alrededor de cinco mil personas participaron en la movilización.


Foto por: Lizzeth Uribe
Foto por: Lizzeth Uribe

Durante el recorrido se escucharon consignas como “Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos” y el conteo y pase de lista en homenaje a los 43 normalistas. La marcha transcurrió en su mayoría de manera pacífica, aunque autoridades capitalinas reportaron daños a mobiliario urbano, estaciones del transporte público y algunos establecimientos ocasionados por un grupo de personas encapuchadas que, según el Gobierno capitalino, no formaban parte de la organización de la movilización.


Para las madres y padres, el paso del tiempo no ha significado el cierre de la herida. Han pasado doce años desde aquella noche y todavía existen familias que no saben dónde están sus hijos. La búsqueda continúa entre investigaciones, reuniones con autoridades y movilizaciones que cada septiembre vuelven a colocarse en las calles.


María de Jesús Tlatempa Bello, madre de José Eduardo Bartolo Tlatempa, explica que detrás de las familias de los 43 también existe una realidad económica que ha marcado su lucha. Ella se describe como ama de casa y cuenta que su esposo es albañil; ambos, dicen, han tenido que encontrar la manera de continuar buscando a su hijo pese a las dificultades.


“Nosotros como padres, pues somos campesinos, somos personas de bajos recursos, obreros. Ahora sí que albañiles, porque en mi caso, yo soy ama de casa, mi esposo es albañil, y pues seguimos aquí buscando la forma, ¿verdad?, de levantarnos una y otra vez y pedirle a Dios, Dios dame fuerzas para poder levantarme, para poder seguir pidiendo la verdad”, relató.

La ausencia de José Eduardo, dice, no ha dejado de sentirse dentro de su casa.


“Nos hace falta un hijo en nuestra casa, seguimos llorando, sí, seguimos llorando, pero pues lo aguantamos, porque tienes que ser fuerte, ¿verdad?”, expresó.

Para Tlatempa Bello, la incertidumbre comenzó desde las primeras horas de la desaparición. Recordó que intentó comunicarse con el celular de su hijo y que la llamada entró, aunque él no respondió.


“Yo marqué al teléfono de mi hijo, a su celular le marqué y entró la llamada, pero él no me contestó, y me contestó probablemente un policía, no sé quién me haya contestado, pero ese teléfono ya no lo tenía mi hijo”, contó.

De acuerdo con su relato, la persona que respondió le dijo que el teléfono se encontraba en Barandillas y que ahí había 17 estudiantes. A doce años de los hechos, ese recuerdo permanece como parte de las preguntas que las familias continúan llevando consigo.


Foto por: Lizzeth Uribe
Foto por: Lizzeth Uribe

La desconfianza hacia las instituciones también aparece en el testimonio de la madre. Al hablar sobre el Ejército y las exigencias de las familias para acceder a información relacionada con el caso, cuestionó:


“¿Cómo les vamos a tener confianza al Ejército si fueron ellos quienes desaparecieron a nuestros hijos?”. Mencionó.

La exigencia de verdad no se limita a conocer qué ocurrió aquella noche, sino también a determinar las responsabilidades de quienes participaron en los hechos. La investigación continúa abierta y durante agosto de este año la Fiscalía General de la República informó sobre nuevas líneas de investigación y posteriormente dio a conocer la vinculación a proceso al exgobernador de Guerrero Ángel Heladio Aguirre Rivero quien dejó el cargo en octubre de 2014, después de la desaparición de los 43 estudiantes por su probable participación en el delito de desaparición forzada.


Foto por: Lizzeth Uribe
Foto por: Lizzeth Uribe

Sin embargo, para las familias, cualquier avance institucional tiene como punto central una pregunta que permanece sin respuesta: ¿dónde están sus hijos?


María Martínez, madre de Miguel Ángel Hernández Martínez, habló de la dificultad de comprender una desaparición cuando lo único que queda para una madre es la ausencia.


“Esto no se le desea a nadie, es algo que pues yo aún no entiendo, sigo sin entender qué es una desaparición, yo simplemente veo que mi hijo no está”, afirmó.

La frase resume una parte de la experiencia que han vivido las familias durante estos doce años: no se trata únicamente de un expediente o de una investigación que continúa abierta, sino de la ausencia cotidiana de un hijo.


“Vivo se lo llevaron, yo vivo lo quiero”, expresó Martínez. “Y por eso es que no he dejado de luchar porque quiero saber de mi hijo. A mí no me interesan cosas materiales porque eso siempre hay, pero mi hijo aquí no está”.

Entre las madres que continúan participando en esta lucha se encuentra Cristina Bautista Salvador, madre de Benjamín Ascencio Bautista. Para ella, los años transcurridos no son una razón para abandonar la búsqueda.


“Seguimos en pie día y noche, y vamos a seguir, no vamos a olvidarlos, a un hijo nunca se le olvida”, señaló.

Bautista Salvador reconoce que desde fuera puede parecer que ha pasado demasiado tiempo. Sin embargo, explica que para las familias la ausencia no desaparece con los años.


“Dice la gente que es mucho tiempo, que ya pasó, que ya no estemos en la calle, […] pero el amor que le tenemos a cada uno de ellos es que estamos en pie, aquí estamos los padres y madres”, afirmó.

La movilización de este 26 de septiembre forma parte de una jornada que, además de recordar a los 43 estudiantes, mantiene las exigencias de verdad y justicia. Durante el mitin realizado en el Zócalo, las familias señalaron que, aunque existen avances en las investigaciones, estos todavía no han sido suficientes para esclarecer qué ocurrió con los estudiantes durante la noche de Iguala.


Foto por: Lizzeth Uribe
Foto por: Lizzeth Uribe

Para Cristina Bautista Salvador, la fecha no representa el final de una historia, sino la continuidad de una exigencia.


“Esta lucha no termina hoy ni mañana, la lucha va a continuar hasta alcanzar la verdad, hasta alcanzar la justicia”, afirmó.

Doce años después, la ausencia de los 43 estudiantes continúa teniendo nombre, rostro y una familia que los espera. Para sus madres y padres, el tiempo no ha convertido la desaparición en un recuerdo ni ha hecho menos dolorosa la incertidumbre; cada aniversario vuelve a colocar frente a ellos la misma pregunta que llevan desde 2014: ¿dónde están sus hijos?


Las fotografías de los estudiantes, los nombres repetidos durante el pase de lista y las voces de sus familias recordaron que, mientras no exista una respuesta sobre su paradero y no se esclarezcan plenamente los hechos, la historia de Ayotzinapa permanece abierta.

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