Más jóvenes, más consultas, ¿más medicamentos? Una conversación con la psiquiatra Aleja Aguirre
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Redactado por: Mildred Loera
14 de julio de 2026. Ciudad de México.

En los últimos años, hablar de salud mental dejó de ser un tema reservado para unos cuantos. Cada vez es más común que los jóvenes busquen apoyo profesional para atender problemas como la ansiedad y la depresión. De acuerdo con el informe La salud mental de la Generación Z en México, elaborado por UNICEF, más del 50 % de las y los jóvenes mexicanos encuestados afirmó haber necesitado ayuda psicológica, lo que refleja una mayor búsqueda de atención y una creciente apertura para hablar sobre salud mental.
Este fenómeno ha despertado dudas sobre el uso de medicamentos psiquiátricos: ¿realmente se recetan más que antes?, ¿es cierto que ahora “todo se medica”? y ¿qué tanto influyen las redes sociales en este cambio?
Para conocer la perspectiva de un especialista, conversamos de manera presencial con Aleja Aguirre, psiquiatra de 29 años, quien explicó por qué cada vez más adolescentes y adultos jóvenes buscan atención profesional, cuándo un tratamiento farmacológico es realmente necesario y cuáles son los principales mitos que aún rodean a la psiquiatría.
En los últimos años se habla mucho de un aumento en las consultas de jóvenes. ¿Es algo que también observa en su práctica clínica?
“Sí, es una tendencia que se observa de forma consistente en las consultas y que coincide con lo que reportan las estadísticas de salud pública: más adolescentes y adultos jóvenes buscan atención que hace una década. Parte de este aumento refleja un problema real de salud mental, pero también refleja que hoy se habla más del tema y hay menos barreras para pedir ayuda, lo cual en sí mismo es positivo.”
La especialista explica que quienes llegan a consulta suelen hacerlo cuando los síntomas ya empiezan a afectar su vida cotidiana.
¿Cuáles son los principales motivos por los que buscan atención psiquiátrica?
“Los más frecuentes son ansiedad persistente, ánimo bajo o pérdida de interés en las cosas, problemas de sueño, dificultad para concentrarse y crisis relacionadas con el estrés académico o laboral. También llegan muchos casos por conflictos familiares, duelos, rupturas o después de una crisis puntual como un ataque de pánico.”
Al preguntarle cuáles son los diagnósticos que predominan entre la población joven, señala que existe un patrón muy claro.
“Los trastornos de ansiedad, ya sea ansiedad generalizada, ansiedad social o ataques de pánico, y los trastornos depresivos son, con diferencia, los más frecuentes. Les siguen los trastornos de la conducta alimentaria, el TDAH, muchas veces diagnosticado tardíamente, y los problemas relacionados con el uso de sustancias.”
Uno de los temas que más genera debate es la idea de que actualmente los psiquiatras recetan medicamentos con demasiada facilidad.
¿Por qué considera que hoy más jóvenes reciben tratamiento con medicamentos psiquiátricos?
“No diría exactamente que necesitan más medicamento, sino que se detectan más casos, se diagnostican antes y hay menos estigma para tratarlos. También hay factores reales de contexto, como la presión social, el uso intensivo de redes sociales, la incertidumbre económica y el aislamiento, que sí incrementan la carga de síntomas en esta generación.”
Ante la percepción de que “todo se medica”, Aguirre considera que se trata de uno de los mayores malentendidos sobre su profesión.
“Sí, es uno de los mitos más extendidos. En la práctica clínica seria, el medicamento se indica cuando hay un diagnóstico claro y un beneficio esperado que supera el riesgo, no como primera respuesta automática a cualquier malestar.”
Aclara que la decisión de iniciar un tratamiento farmacológico depende de diversos factores.
“Se considera la medicación cuando los síntomas son moderados a severos, cuando interfieren significativamente con el funcionamiento diario, cuando hay riesgo, por ejemplo ideación suicida, o cuando la terapia sola no ha sido suficiente. En cuadros leves, o cuando el origen es principalmente situacional, casi siempre se prioriza la psicoterapia antes que el fármaco.”
Incluso, explica que muchos pacientes pueden mejorar únicamente con acompañamiento psicológico.
“Sí, de hecho es el tratamiento de primera línea para ansiedad y depresión leves a moderadas, y para muchos problemas adaptativos. La terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, tiene evidencia sólida como tratamiento único en estos casos.”
Durante la entrevista también hablamos sobre la gran cantidad de información que circula en internet acerca de la salud mental.
¿Cuáles son los mitos más comunes sobre los medicamentos psiquiátricos?
“Que cambian la personalidad, que una vez que empiezas ya no puedes parar, que sirven para sentirse feliz artificialmente o que su sola prescripción significa que el problema es grave o de por vida. También se confunde antidepresivo con ansiolítico como si fueran lo mismo, cuando actúan distinto y se usan para cosas distintas.”
Respecto a la dependencia, explica que no todos los medicamentos funcionan igual.
“Los antidepresivos no generan dependencia ni adicción en el sentido clásico, aunque suspenderlos abruptamente puede dar síntomas de descontinuación si no se retiran gradualmente. Los ansiolíticos de un grupo específico, las benzodiazepinas, sí tienen potencial de dependencia si se usan por tiempo prolongado, por eso se recetan con más cautela y normalmente por periodos cortos.”
También advierte sobre los riesgos de automedicarse.
“Son varios: dosis inadecuadas, interacciones peligrosas con otros medicamentos, enmascarar un diagnóstico distinto al que realmente se tiene, efectos secundarios sin supervisión y, en algunos casos, empeorar el cuadro de base. Lo que le funciona a una persona no necesariamente es correcto para otra, aunque los síntomas parezcan similares.”
Las redes sociales también ocuparon parte de la conversación. El tema no es menor. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha advertido que el uso desmedido de redes sociales, internet y videojuegos puede favorecer la aparición de síntomas de ansiedad y depresión, además de aislamiento social, trastornos del sueño y otros problemas que afectan especialmente a niñas, niños y adolescentes.
“Han ayudado a normalizar el tema ya que más jóvenes busquen ayuda que antes callaban. Pero también han generado una tendencia a la autoidentificación con diagnósticos complejos a partir de contenido simplificado, lo que a veces confunde más de lo que orienta.”
Incluso comenta que es una situación que observa cada vez con mayor frecuencia en consulta.
“Llegan con una autoetiqueta, por ejemplo convencidos de tener TDAH, trastorno bipolar o algún rasgo de personalidad específico, basada en videos cortos o cuestionarios no clínicos. Parte del trabajo en consulta es evaluar con calma si esa hipótesis se sostiene o si en realidad hay otra explicación.”
Al preguntarle qué factores están afectando más la salud mental de las nuevas generaciones, enumera varios que se repiten constantemente en consulta.
“La presión académica y laboral, la comparación constante en redes sociales, la incertidumbre sobre el futuro, el aislamiento social pese a estar hiperconectados y la alteración del sueño por el uso de pantallas hasta tarde.”
Sobre si actualmente existen más casos de ansiedad y depresión o simplemente se diagnostican mejor, responde que ambas cosas ocurren al mismo tiempo.
“Probablemente ambas cosas. Hay un aumento real ligado a los factores de contexto, pero también una mejor capacidad de detección y menos resistencia a pedir ayuda, lo que hace que las cifras reflejen casos que antes existían pero no se registraban.”
La psiquiatra también explicó cómo decide cuál es el tratamiento adecuado para cada paciente.
“Se parte de una evaluación clínica completa: historia de síntomas, tiempo de evolución, impacto funcional, antecedentes médicos y familiares, y descartar otras causas médicas. A partir de ahí se elige, si corresponde, el tipo de medicamento según el diagnóstico, el perfil de efectos secundarios y las preferencias del paciente.”
Respecto a la duración del tratamiento, aclara que no existe una respuesta única.
“Un primer episodio depresivo tratado con medicamento suele mantenerse entre seis y doce meses después de la mejoría para reducir el riesgo de recaída. En cuadros recurrentes o crónicos el tratamiento puede prolongarse varios años.”
También insiste en que nunca debe suspenderse la medicación sin supervisión médica.
“Puede haber síntomas de descontinuación y, sobre todo, un riesgo alto de que los síntomas originales regresen, a veces con más intensidad. Por eso siempre se recomienda hacerlo de forma gradual y supervisada.”
Antes de concluir la entrevista, se le pregunto qué le diría a un joven que todavía siente miedo de acudir con un psiquiatra.
“Que una primera consulta no compromete a nada, es una conversación para entender qué está pasando. No implica automáticamente medicación, ni una etiqueta para siempre. Pedir ayuda a tiempo suele evitar que un malestar manejable se convierta en algo más difícil de resolver.”
Añade que algunas señales nunca deben ignorarse.
“Cambios sostenidos en el sueño o el apetito, aislamiento social marcado, pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba, caída notable en el rendimiento escolar o laboral, irritabilidad persistente y, por supuesto, cualquier mención de desesperanza o ideas de hacerse daño, que siempre debe tomarse en serio y atenderse de inmediato.”
Finalmente, nos compartió cuál es el mayor reto y la mayor esperanza que encuentra al trabajar con jóvenes.
“Lo que más me preocupa es la desinformación que circula en redes sobre diagnósticos y tratamientos, porque genera autoetiquetas equivocadas o, en el otro extremo, desconfianza hacia tratamientos que sí funcionan. También me preocupa la normalización del malestar crónico como si fuera lo normal de ser joven hoy.”
Sin embargo, concluye con un mensaje optimista.
“Lo que más esperanza me da es que esta generación habla de sus emociones con una naturalidad que las anteriores no tuvimos y que llegan a consulta antes, con menos vergüenza y dispuestos a trabajar en su bienestar. Eso, a largo plazo, es una ventaja enorme frente al silencio con el que se manejaban estos temas antes.”


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