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Tarde ¡otra vez!

  • hace 2 días
  • 2 min de lectura

Arturo Becerril - 14 de julio de 2026


La escuela aún queda lejos. Hay una ansiedad de no llegar tarde esta vez, pero en la carretera eso es azaroso: no sabes qué va a suceder. Sigues mirando el reloj, marca las 6:45 am, y tienes la esperanza de que cada vistazo reduzca la distancia.


Y de pronto el camión baja la velocidad. Algo de confusión pasa por la mente. ¿Qué fue lo que pasó?


La pregunta llega rápido, acompañada de una sensación de enojo y, a la vez, de resignación. Escuchas cómo la gente a tu alrededor comienza a hacer llamadas.


—Hola, sí. Oye, ¿qué crees? No voy a llegar a tiempo, llego como a las diez. Estamos atorados en el tráfico, sí.


¿Quién sabe qué pasó? Todos saben lo que sucedió, alguien ha chocado. Pero es más fácil para los pasajeros del camión y los conductores deslindarse del problema, hacer la vista gorda y simplemente ignorarlo.


Volteas a la ventana, empañada por el calor que se ha resguardado en el interior y que contrasta con el frío de la mañana afuera. Siempre te ha gustado esa vista boscosa de la autopista México-Toluca, a la altura de Salazar, por el kilómetro 37. Hace más llevadero el trayecto cotidiano y te recuerda que no solo hay asfalto. Lo único malo es que no reconoces en qué altura te encuentras: tu visibilidad es limitada, solo puedes mirar por la lateral buscando tranquilidad entre los arbustos, árboles y hierbas.


Esta vez era importante llegar a tiempo. Simplemente no tuviste suerte.


El camión cambia de carril en un movimiento brusco, intentando que los carros que se acercan le cedan el paso en un acto de poder. Ni siquiera prestas atención a esa imprudencia que no le vas a poder reclamar, porque ahí, a la orilla de la carretera, hay un Versa destrozado. Gente tratando de ayudar sin saber realmente qué hacer. Otros desviando el tráfico en un intento de agilizarlo.


¿Siguen vivos? Desde tu ventana solo alcanzas a ver el vapor que sigue saliendo del radiador. No hace mucho que pasó.


No puedes evitar preguntarte ¿Volverá a casa? ¿Tenía familia? ¿Y si iba con su familia? Los niños. Uno, como quiera, pero las criaturas.


No sabes ni qué pensar, así que cierras los ojos y sientes cómo el camión toma más velocidad.


Y decides pensar solamente en que como siempre tú sí vas a llegar tarde ¡otra vez!.

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