Los antimonumentos como una modalidad de denuncia social. El caso de de la: Glorieta de las Mujeres que Luchan
- hace 1 día
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-Alfaro Sofia
Por décadas en México, el Estado ha decidido lo que es “memorable” o no, con la instalación de monumentos. Sin embargo, en un país marcado por la violencia es un problema, pues se dejan de lado las verdades incómodas para el mismo Estado; es por ello que la sociedad empezó a instalar los antimonumentos, para visibilizar las injusticias que se tratan de ocultar.
En este caso, el antimonumento de interés es la Glorieta de las Mujeres que Luchan, que funciona como una forma de denuncia social ante la violencia que existe hacia las mujeres, un espacio donde las personas pueden expresar y socializar su dolor, que muchas veces es ignorado o minimizado por el sistema. Es por esto que su preservación es de vital importancia.

Monumentos y Antimonumentos
En este apartado proporcionamos un breve recuento sociohistórico de los monumentos y los antimonumentos, y de forma detallada la historia de la Glorieta de las Mujeres que Luchan. Iniciemos con los monumentos, según Moya (2025), los monumentos son vistos como instrumentos que ayudan a hacer visible el pasado de manera física en un lugar. Se muestran a través de estos, ciertos eventos en específico que en una narrativa, ponen en evidencia lo que ya no está presente, determinan qué sucesos quedan en la memoria, cuáles se eliminan y cuáles son ocultados u olvidados. “La colocación de monumentos en los lugares de un significado histórico, los nombres de las calles, responden a una intencionalidad conmemorativa y en un momento dado, adquieren una carga política y simbólica determinante.” (Zárate, 2001, s.p).
Hablando de los primeros monumentos históricos en México, explica cómo todo empezó en Paseo de la Reforma, esa avenida se convirtió en el principal eje monumental del siglo XIX, hubo varias propuestas de monumentos que por una y otra cuestión no lograban concretarse, hasta que en 1878 se colocó la primer piedra del monumento a Cuauhtémoc y ya en 1887 ocurrió su inauguración; seguido de ese fue la columna de la independencia en 1910, coronada como “El Ángel”. En 1877 se colocó la estatua de Cristóbal Colón, no fue creada sino que por una donación. De 1887 a 1899 se colocaron 36 esculturas de héroes de 18 estados, pagadas por los mismos estados y presentadas en distintos eventos patrióticos.
Por otro lado, tenemos a los antimonumentos, Moya (2025) explica que estos no buscan la creación de una historia nueva, sino que buscan deshacer la idea que mantiene a los monumentos tradicionales. En lugar de solo mostrar un único mensaje que es aceptado por la mayoría o por quienes controlan la memoria histórica como los monumentos, los antimonumentos evidencian que dentro de esas historias oficiales también hay conflictos, injusticias y cosas que no se reconocen abiertamente y proponen que la historia sea vista desde una perspectiva diferente. Suelen surgir dentro de protestas sociales y en la mayoría se resignifican monumentos históricos ya existentes.
En México los familiares de las víctimas de desaparición o muerte violenta encuentran pocos espacios para expresar su dolor, articular sus testimonios o clamar por verdad y justicia. En este sentido, a cuenta de la criminalización y la indolencia, la memoria de las víctimas es una memoria subalterna ya callada. Al reconocer esto, sobresale la gran conquista que significan estos anti-monumentos. (Tovar y Ovalle, 2018, p. 6)
A través de la ubicación estratégica y los símbolos, se convoca a la lucha colectiva y a la solidaridad para poder evitar que las injusticias y la violencia sigan siendo normalizadas o ignoradas. El primer antimonumento que se colocó fue el “+43”, por la desaparición de los estudiantes de la Escuela normal rural, al instalar este antimonumento las personas involucradas se enfrentaban a un gran riesgo, “posterior a la colocación del “+43, se han instalado más antimonumentos, la mayoría de ellos se encuentran en la Ciudad de México, específicamente sobre la avenida Paseo de la Reforma, que es un de las principales arterias de la ciudad” (Ortega, 2024, p.27) algunos de ellos son:
● El antimonumento 49 ABC, que se instaló el 5 de junio del 2017, por el trágico incendio de la guardería "ABC", donde fallecieron 49 niños.
● 72 migrantes, instalado el 22 de agosto del 2020, por la conmemoración del asesinato de 72 migrantes en Tamaulipas.
● El antimonumento instalado el 5 de enero del 2018, exigiendo la aparición de los jóvenes David y Miguel.
● El llamado Pasta de conchos, instalado el 19 de febrero del 2019 por la tragedia de la mina y los 65 mineros muertos.
● Un antimonumento del movimiento estudiantil del 68 que fue colocado el 2 de octubre del 2018.
● La antimonumenta, que se colocó el 8 de marzo del 2019 dentro de la marcha del día internacional de la mujer.
● El Halconazo con su instalación el 10 de junio del 2021.
● La Glorieta de las mujeres que luchan, que tiene que ver con nuestro caso de estudio y del que hablaremos más adelante.
Resignificación del espacio a: Glorieta de las mujeres que luchan
Todo comenzó con la retirada de la estatua (monumento) de Cristóbal Colón, que se encontraba en Paseo de la Reforma; según la jefa de gobierno de la Ciudad de México el objetivo era someterla a un proceso de restauración, sin embargo, el monumento ya tenía ciertos problemas.
En Estados Unidos el movimiento decolonial comenzó a derribar monumentos que representan a Cristobal Colón en 2020, como consecuencia de una revisión de los personajes históricos vinculados a la esclavitud y el colonialismo (...). Desde hace algún tiempo, la figura de Cristóbal Colón ha estado envuelta en la polémica, ya que numerosos activistas y académicos han dejado de percibir en el personaje al «descubridor de América», para visualizarlo como un genocida de indígenas. (Osegueda, 2020, s.p.)
Ante estos conflictos Ortega (2024) menciona como el gobierno de la Ciudad de México decidió sustituirla por la figura de una mujer indígena, pero el 25 de septiembre del 2021, diferentes colectivas feministas saltaron las vallas que protegían el sitio y colocaron una silueta de madera de una niña de color morado y vestido, con el puño levantado.
Más adelante, el 5 de marzo del 2022, se sustituyó por la misma silueta pero hecha de acero y de mayor tamaño; de acuerdo con Cruz (2025); “colectivas feministas que buscan representar a mujeres indígenas, mujeres afrodescendientes, mujeres víctimas de ataques con ácido, familiares de mujeres víctimas de feminicidio y desaparición, entre otras organizaciones y personas solidarias” (p.145), además alrededor de esta figura se encuentran el jardín de la memoria y el tendedero de denuncias. Cruz (2025) explica que ahí:
Se hacen actos en colectiva e individualmente: bordado, micrófono abierto, performance, pintas alrededor y dentro de la glorieta; de igual forma se realiza una constante intervención de las vallas que rodean la glorieta (puestas por el gobierno), en ellas se colocan los nombres de mujeres víctimas de feminicidio, desaparición, ataques con ácido o desplazamientos, y de madres asesinadas por buscar a sus hijas desaparecidas y por exigir justicia o esclarecimiento por el feminicidio de sus hijas. (p.145)
Fue así que se resignificó este espacio y fue llamado la Glorieta de las mujeres que luchan, antes Glorieta de Colón, un espacio dedicado a rendir homenaje a cada una de las mujeres que buscan la verdad y justicia.
Movimientos feministas contra la violencia institucional
La antimonumenta, como se ha explicado, surge de la acción colectiva de los movimientos feministas, impulsados por la violencia de género, el acoso, los feminicidios y las desapariciones. Su importancia radica en su función como símbolo de protesta para exigir justicia al Estado y al gobierno, otorgando a su vez visibilidad a las víctimas.
En la última década, los movimientos feministas actuales (liderados principalmente por mujeres jóvenes), también conocidas como la cuarta ola feminista, han protestado contra la violencia de género que se vive día con día en México. Estas movilizaciones han logrado romper el silencio sobre la gravedad del problema. Al respecto, Cerva (2020) destaca una “doble indignación” en donde las mujeres tienen como eje principal la violencia física: feminicidios, desapariciones y violaciones; pero también, un eje secundario, la violencia institucional: en la cual las instituciones minimizan la gravedad de esta problemática y ocultan las cifras oficiales.
La autora Cruz realizó un trabajo en la Glorieta el 8 de marzo, que consistió en hacer una pregunta a diferentes mujeres y colectivos y completar una frase, estas eran: “¿Qué sentimientos te genera la Glorieta de las Mujeres que Luchan? Por otra parte, completar la frase: La Glorieta de las Mujeres que Luchan representa…” (Cruz, 2025, p.146). Al respecto explica lo siguiente:
Las palabras que tuvieron mayor repetición fueron “resistencia” y “tristeza”, lo que me llevó a replantear qué sentían las personas estando en la glorieta más allá de la comunidad y el amor que yo observo desde fuera; aparecieron sentimientos como dolor, rabia y dignidad. (...) Al terminar de escribir, llegaban conmigo a expresar que sentían a la glorieta como un lugar de comunidad, donde prevalecía el amor por las mujeres y la fuerza para seguir en estas luchas. (Cruz, 2025, p.147)
En este contexto, las mujeres han redefinido las formas de participación política al transformar su indignación en acción colectiva. Utilizan las calles para protestar contra las desigualdades, exigir justicia y cuestionar las estructuras sociales tan desiguales.
Además, la autora menciona que el gobierno de la Ciudad de México con Claudia Sheinbaum como jefa de gobierno, ha intentado retirar la glorieta de las mujeres y se han negado a dialogar con las madres, mujeres y los diferentes colectivos, que pedían que oficialmente se reconociera este espacio. En los pocos encuentros con el gobierno, la autoridad les proponía colocar otras figuras y compartir la glorieta; sin embargo, las mujeres rechazaron estas propuestas pues principalmente el Estado volvería a tener control completo de este espacio, por si no fuera poco, el gobierno ha utilizado al personal de limpieza y a los policías para impedir el derecho a las protestas, con los diferentes tipos de desmantelamiento, como lo menciona Cruz “el Estado y el gobierno, en el pasado y en el presente, siguen vulnerando los espacios de las mujeres, como se ha mencionado (...). A través de estas prácticas de represión, se violentan a las mujeres y a sus luchas.” (2025, p.148).
Lugar de comunidad
Es fundamental recalcar la importancia que tienen los antimonumentos y la visibilización que se les tiene que dar, se han convertido en una herramienta indispensable en el discurso social y la memoria colectiva de México, funcionando como acción política y denuncia social, pues como hemos visto, con ellos se busca hacer visible las violaciones que existen a los derechos humanos, las injusticias y la violencia que perdura en el país.
En el caso específico de la Glorieta de las Mujeres que Luchan, este espacio que ha sido resignificado como un homenaje a todas las mujeres que buscan justicia, mantiene viva la memoria colectiva de las familias, no solo es un lugar de denuncia, sino que lo perciben como un lugar de refugio y de encuentro, donde pueden expresar y socializar su dolor, que muchas veces es ignorado o minimizado por el sistema, muestran cómo la sociedad y las diferentes instituciones les han fallado. En este lugar las mujeres pueden decidir que cuentan y cómo será narrada su propia historia, es la prueba física de su exigencia por encontrar la verdad y corregir el daño, sin duda su lucha sigue estando viva y fuerte.

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