Dolarización silenciosa: el fenómeno que Banxico estudia desde hace décadas y que las nuevas tecnologías están acelerando
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Redactado por: Arturo Becerril - Ciudad de México — 17 de julio de 2026

Cada vez que un hogar o una empresa mexicana decide guardar sus ahorros en dólares en lugar de pesos, ocurre algo que los economistas llaman "sustitución de monedas" o, coloquialmente, dolarización. No es exclusiva del dólar: el mismo fenómeno puede darse con euros, yuanes o cualquier otra divisa en la que la gente confíe más que en la suya. Cuando ese desplazamiento ocurre poco a poco, sin una decisión de política pública que lo declare —a diferencia de un país que "se dolariza" oficialmente, como Ecuador o El Salvador—, se le conoce como dolarización silenciosa o de facto: nadie la vota, pero avanza igual, transacción por transacción.
No es una alarma nueva: Banxico lo estudia desde hace más de 40 años
Lejos de ser una preocupación inventada por el auge cripto, la sustitución de monedas es uno de los temas más antiguos de la investigación económica del propio Banco de México; el cual aborda en —Documento de Investigación No. 40 "La Dolarización en México: Causas y Consecuencias"—. Un documento de investigación del banco central, que traza el fenómeno en México desde la década de 1930, retoma literatura académica internacional de finales de los años setenta y principios de los ochenta (los trabajos de Miles, de Brillembourg y Schadler, y de Girton y Roper) para plantear una idea central: en un país donde la moneda extranjera circula ampliamente junto con la nacional, la política monetaria del banco central pierde parte de su capacidad de maniobra, incluso si las autoridades hacen todo correctamente.
La lógica es relativamente simple. Cuando Banxico sube o baja su tasa de interés de referencia, lo hace para encarecer o abaratar el crédito y el ahorro en pesos, y así influir en el consumo, la inversión y, en última instancia, la inflación. Pero si una porción importante de los ahorros, los préstamos o los precios de un país ya están denominados en dólares, mover la tasa del peso tiene menos efecto: la gente y las empresas simplemente pueden refugiarse en sus activos en moneda extranjera y esquivar el estímulo o el freno que el banco central quiso aplicar. Cuanto más se dolariza una economía, más "sorda" se vuelve a las palancas de su propio banco central.
Vale la pena separar esto de otro debate distinto, aunque relacionado, que también vive Banxico en 2026: un análisis de Moody's Analytics divulgado en enero, firmado por el economista Alfredo Coutiño, cuestionó la credibilidad y efectividad de la conducción de la política monetaria mexicana, lo que generó semanas de discusión pública sobre el banco central. Ese debate es sobre comunicación y previsibilidad de las decisiones de tasas, no sobre dolarización; pero ambos apuntan en la misma dirección preocupante: un Banxico con menos margen de maniobra del que tenía antes.
Durante casi todo el siglo XX, dolarizar los ahorros exigía esfuerzo: abrir una cuenta en un banco de Estados Unidos, cruzar la frontera con efectivo, o acceder a instrumentos financieros reservados para quien tuviera cierto capital o conexiones. La globalización financiera de las últimas décadas ya había bajado esa barrera, cuentas en dólares en bancos mexicanos, fondos indexados, casas de cambio digitales, pero el salto reciente lo dieron la banca digital y, sobre todo, las criptomonedas: hoy basta un teléfono y una aplicación para sostener dólares digitales, sin pasar por ningún banco.
Ahí es donde entran las stablecoins. Según datos de Bitso recogidos en su reporte Crypto Landscape in Latin America 2025, las stablecoins ya superan a bitcoin como el activo digital más comprado en México, representando alrededor de 36% de las compras de criptoactivos en el país; USDC es, específicamente, la moneda digital más adquirida por mexicanos. A diferencia de una cuenta bancaria en dólares, una stablecoin no necesita horario, sucursal ni monto mínimo de apertura: se transfiere en segundos, a cualquier hora, entre wallets, muchas veces sin que ninguna institución mexicana regulada intervenga en el proceso.
Casi todo es en dólares, pero el resto del mundo ya está reaccionando
Aunque el fenómeno no es exclusivo de una sola divisa, hoy sí lo es en la práctica: distintas estimaciones sitúan entre 98% y 99% la proporción de todas las stablecoins del mundo que están denominadas en dólares, dominadas por Tether (USDT) y USD Coin (USDC) esto según informes del Banco Central Europeo y el Banco de España. Esa concentración ha encendido alarmas fuera de México. Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, advirtió que la dominancia de las stablecoins en dólar puede erosionar la autonomía monetaria de otras regiones del mundo, no porque el dólar sea intrínsecamente superior, sino por simples efectos de red: todos lo usan porque todos los demás ya lo usan. Judith Arnal, consejera del Banco de España, ha ido más lejos al señalar que ignorar estos instrumentos —en lugar de competir con ellos— dejará a empresas y usuarios europeos fuera de la supervisión regulatoria y en desventaja de competitividad.
La respuesta europea ha sido construir alternativas en vez de solo advertir: el banco francés Société Générale lanzó en febrero una stablecoin en euros llamada EURCV, y un consorcio de 37 bancos europeos, agrupado bajo el nombre Qivalis, prepara para la segunda mitad de 2026 su propia stablecoin en euros bajo el marco regulatorio europeo MiCA. China, por su parte, apuesta por una vía distinta y más radical con su yuan digital (e-CNY) y el sistema mBridge, diseñado explícitamente para liquidar pagos entre bancos centrales sin pasar por el dólar ni por ninguna stablecoin privada. México, hasta ahora, mantiene en abierta la puerta a la creación de un peso digital, el cual anunciaron en el 2021, pero aún sin fecha fija de salida.
¿Beneficio individual o palanca extranjera? Las dos caras de la misma moneda
Aquí conviene entender un mecanismo estructural, no especulativo: las stablecoins en dólares no "flotan" solas, están respaldadas casi siempre por bonos del Tesoro de Estados Unidos y otros instrumentos de deuda estadounidense de corto plazo.Los cuales son títulos de deuda con los que el gobierno de EE. UU. se financia: a cambio de recibir dinero de inmediato, promete devolverlo con intereses en un plazo determinado (semanas o meses, en el caso de los de corto plazo).
Esto significa que cada persona en México, Europa o cualquier otra parte del mundo que convierte sus ahorros locales en una stablecoin dólar, está, en los hechos, financiando indirectamente la deuda del gobierno de Estados Unidos y reforzando la posición del dólar como moneda dominante global. La propia administración estadounidense ha descrito su nueva ley de stablecoins, la GENIUS Act, como una herramienta explícita para asegurar el dominio global continuado del dólar y consolidar la demanda de sus bonos, esto según la declaración de el Secretario del Tesoro Scott Bessent sobre la promulgación de la Ley GENIUS.
Sobre esa base, dos lecturas coexisten. Para bancos centrales como el europeo, esto equivale a una forma de dependencia monetaria: cada usuario que migra sus ahorros a una stablecoin extranjera resta un poco de soberanía, recaudación (los economistas la llaman "señoreaje") e influencia a su propio país, de forma acumulativa y sin que ningún tratado lo haya decidido. Para el usuario individual, en cambio, la decisión suele ser puramente defensiva y racional: alguien que ha visto devaluarse, su moneda local no está pensando en geopolítica cuando abre una app, está tratando de proteger el valor de su dinero. El "problema" —si se le puede llamar así— no es la decisión de una persona, sino la suma de millones de decisiones idénticas, que colectivamente sí desplazan influencia monetaria hacia quien emite la moneda de refugio.
El riesgo concreto para quien solo conoce el peso
Más allá del debate macroeconómico, existe un riesgo directo para el ciudadano que no está familiarizado con estos instrumentos. Desde 2021 hasta la fecha, Banxico, la Secretaría de Hacienda y la CNBV mantienen vigente una advertencia: ninguna institución financiera está autorizada en México para captar recursos del público a través de 'monedas estables'. Esa prohibición sigue en pie, aunque el propio Banxico ha reconocido, en su Reporte de Estabilidad Financiera de diciembre de 2025, tanto los beneficios como los riesgos del fenómeno, y en el Senado hay ya una iniciativa —presentada en mayo de 2026 e inspirada en la ley estadounidense GENIUS Act— para regular, más que prohibir, las stablecoins ligadas al peso. Mientras esa regulación no exista, quien mueve sus ahorros a una stablecoin no tiene la protección del IPAB ni el respaldo del sistema financiero regulado mexicano si algo sale mal.
Y algo puede salir mal: aunque las stablecoins buscan mantener una paridad fija, no siempre lo logran. USD Coin llegó a cotizar cerca de 0.87 dólares en marzo de 2023 durante una corrida bancaria en Estados Unidos, regresando posteriormente a estar a la par. USDT, por su parte, también ha registrado caídas similares en momentos de estrés de mercado. Sumado a esto, un usuario sin experiencia enfrenta riesgos que no existen en la banca tradicional: si pierde el acceso a su wallet no hay una sucursal a la que acudir, las transferencias son irreversibles, y el ecosistema atrae fraudes dirigidos específicamente a quienes no distinguen bien entre una aplicación legítima y una falsa.
Nada de lo anterior depende de que exista un plan coordinado y secreto para "controlar" a los ciudadanos mexicanos desde el extranjero. Es, más bien, la combinación de una economía con episodios históricos de desconfianza en su propia moneda, una infraestructura tecnológica que hoy hace trivial saltarse esa moneda, y un país, Estados Unidos, que ha decidido abiertamente aprovechar esa dinámica para fortalecer su propia divisa.
Bancos centrales de todo el mundo, desde Basilea hasta Fráncfort, ya lo están discutiendo en público; lo que falta en México es que esa conversación, que Banxico documenta desde hace generaciones, se traduzca en una estrategia clara, y que el ciudadano promedio entienda que mover sus ahorros fuera del peso tiene beneficios reales para él, pero también costos que probablemente nadie le explicó antes de instalar la aplicación.


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