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CRÓNICA: El arcoíris también protesta: crónica de un amor sin miedo

  • hace 1 día
  • 5 min de lectura

Llegó el tan esperado día, 27 de junio y como cada año, el Pride toma las calles de la Ciudad de México.


Por: Jorge Chaparro.

29 de junio de 2026.


Ciudad de México. Diez de la mañana. Comenzaron a reunirse los contingentes de la marcha LGBTTTIQ+, pero este año fue diferente: el Ángel de la independencia recibió a los asistentes con un cerco metálico alrededor del monumento, y la comunidad ya no pudo apoderarse de este para generar la tradicional foto en el punto de encuentro. Esto no es lo único novedoso: por primera vez, el clásico recorrido que inicia en el Ángel y termina en el Zócalo capitalino no se concretó, debido al FanFest que sostiene el Gobierno de la Ciudad de México; el recorrido se acortó hasta Bellas Artes y Eje Central.


Para las once treinta de la mañana, en el Ángel y Avenida Paseo de la Reforma ya habían sido tomados por la comunidad LGBTTTIQ+. Un ambiente de celebración, festejo, consignas de apoyo, críticas y reconocimientos eran visibles. Los colores sobresalen en todas las personas; la bandera gay, lésbica, bisexual, trans y del orgullo ondean en el aire o cubrían a las, los y les asistentes como un manto sagrado.


Foto por Jorge Chaparro
Foto por Jorge Chaparro

El ambiente de fiesta estaba en el aire, pero también el de lucha. Los contingentes comenzaron a avanzar por la avenida; cada ciertos metros se encontraba un comerciante ofreciendo botellas de agua, cervezas o mercancía relacionada con la comunidad. Entre los objetos más constantes se encontraban banderas: pequeñas, medianas, cartulinas grandes como una sábana, y la pintura en crema de arcoíris fue el elemento más utilizado para decorar la cara o los brazos de las personas. Tantos colores hacía que todo el mundo los volteara a ver.


Por momentos, los comentarios que se escuchaban con mayor énfasis por miembros de la comunidad eran los de: “hay convivencia pacífica entre gays y ‘fifas’” o “¿dónde están los extranjeros?”. Del mismo modo, se escuchaban risas y  pláticas de asistentes (eran murmullos distorsionados con las conversaciones de personas cercanas) y los cantos que salían de la música a todo volumen de bocinas y carros. 


Con un clima que variaba entre soleado y nublado las personas avanzaban; cada contingente representaba algo distinto: desde personas con discapacidad, elementos de gobierno, partidos políticos, asociaciones civiles, hasta los miles de asistentes que desfilaban y marchaban juntos en una congregación hacia el Palacio de Bellas Artes.

En el camino se escuchaban consignas de protesta: desde quienes estaban indignadas por los crímenes de odio hacia la comunidad trans, hasta personas que reclamaban a los asistentes por apoyar el carro de Movimiento Ciudadano o el de las y los policías de la Ciudad de México que forman parte de la comunidad de LGBTTTIQ+.


No sólo eran lanzadas al aire; también estaban plasmadas en carteles y mantas, que generaban reflexión entre los presentes.


Los tonos políticos y de libertad no se hicieron esperar; saltaban a la vista una marcha que, sin duda, invitaba a reflexionar lo escrito como protesta y la promoción de los derechos como la vida, la libertad o amar sin miedo, que tanto lo visibilizan los asistentes con sus pancartas.



Foto por Jorge Chaparro
Foto por Jorge Chaparro

La visibilidad y exigir derechos no fueron lo único que causó revuelo entre los asistentes; también lo fue el amor mismo en sí. Padres, madres, tías y hasta abuelos encontraron una nueva familia, por falta de amparo de quienes no tienen una. El Pride también se convirtió en un lugar en donde existe una familia más grande y con apoyo verdadero. Estos actos culminaron en abrazos y besos; en otros casos, agua o dulces con mensajes de respaldo y confort.


Foto por Jorge Chaparro
Foto por Jorge Chaparro

Mientras caminábamos con dirección hacia nuestro destino final, pasando frente a los hoteles ubicados en Paseo de la Reforma, el apoyo de la comunidad internacional se vio envuelto en fiesta desde las alturas; en las terrazas o balcones, no faltó el respaldo y los mensajes de amor por parte de diversos turistas hospedados en esos lugares, que también disfrutaron del ánimo de los contingentes. Se notó una unión, una hermandad que se traducía en baile, saludos y banderas del orgullo ondeando. Una mujer de la tercera edad junto con su familia, regalaron collares de perlas de colores a los asistentes que se acercaban. De pronto, se hacía fila para recibir uno.


Foto por Jorge Chaparro
Foto por Jorge Chaparro

En un trayecto lleno de música, baile, sabor, fiesta, colores, risas, apoyo y reflexión seguimos avanzando. Todas las formas de amor, vivir como realmente somos, de no esconderse y luchar por ser quien se quiere ser, hay historias llenas de amor, lucha y resistencia, como la de una pareja de monjes gays; una mujer y un hombre asistentes a la movilización, que en una sátira al poder eclesiástico por el rechazo a la libertad de género y al derecho de libertad sexual, decidieron usar imágenes religiosas y atuendos propios de la iglesia católica.


“Estoy aquí porque soy gay y sigo luchando para que lo que ves aquí hoy se diera (…) Fui de los primeros en marchar, cuando aún se castigaba, se perseguían e incluso los mataban por ser quienes somos. Por eso marcho, para que sigamos siendo libres y sin miedo de lo que diga la gente o de las críticas que nos puedan hacer”, exclamó uno de los monjes.



Foto por Jorge Chaparro
Foto por Jorge Chaparro

Los carros temáticos destacaron por lo variados que eran: con ánimo, actitud, sonando un claxon, lleno de música y baile, una fiesta en pocas palabras, animaba a la gente que hacía el recorrido a pie. La comunidad trans se hizo presente con mensajes de apoyo, lucha y resistencia, mientras que la comunidad drag encendió el ánimo de los asistentes bailando, marchando, posando y hasta haciendo lip sync.



Foto por Jorge Chaparro
Foto por Jorge Chaparro

Las parejas también marcharon, y sus atuendos iguales generaron gran sensación entre la gente, les pedían fotos o les comentaban lo original de su ropa, así como charlas entre ellos derivado de la marcha.


Foto por Jorge Chaparro
Foto por Jorge Chaparro

Finalmente, llegamos a Bellas Artes como última parada, pues el Zócalo capitalino albergaba pantallas y conforma una de las sedes del FanFest. Muchas personas se dispersaron; algunos con destino a sus casas, otros a Zona Rosa o a alguna fiesta para continuar la celebración del Pride entre la comunidad. Muchas personas se concentraron en el escenario principal ubicado en Eje Central, donde disfrutaron de música en vivo, baile, show drag esperaban a las artistas que culminaría la marcha del 2026, figuras como Niurka Marcos, Kenia Os, Tatiana María Daniela y su Sonido Lasser, por mencionar algunas, mientras.


Así terminó una edición más de la Marcha del Orgullo LGBTTTIQ+ en la Ciudad de México, una marcha donde convivieron la celebración, la protesta y la memoria, pero en la que, finalmente, la unión se impuso para el desarrollo de la caminata. 


De esta manera, cuando el escenario comenzó a apagarse y los contingentes tomaron distintos caminos, las banderas siguieron ondeando sobre los hombros de quienes regresaban a casa. La marcha había terminado, pero las historias de amor, resistencia y libertad que caminaron ese día por Paseo de la Reforma seguirán contándose mucho después de que la última canción dejará de sonar. Porque el Pride no concluye cuando se llega al Zócalo o a Bellas Artes; vuelve a empezar cada vez que alguien decide vivir sin miedo y expresar su amor. Un amor que se rehúsa a entender etiquetas y que se apodera año con año de la Ciudad.


Foto por Jorge Chaparro
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