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CRÓNICA: Domingo de música y lluvia; Los Vaguens se presentan en la Alameda Central

  • hace 23 horas
  • 5 min de lectura

Por: Arath Bañales

28 de junio de 2026


Foto por: Arath Bañales
Foto por: Arath Bañales

Ciudad de México. El kiosco de la Alameda Central todavía no tenía músicos, pero ya sonaba. Los golpes metálicos de los tripies, el zumbido de las bocinas al encender, el ir y venir de los ingenieros de audio y el interminable enredo de cables anunciaban que algo estaba por comenzar.


Baterías, guitarras, bajos y micrófonos ocupaban poco a poco el centro del escenario. Mientras tanto, alrededor del kiosco se formaba un semicírculo de curiosos: algunos caminaban sin saber qué ocurría; otros ya esperaban con la certeza de que aquella tarde habría música.


Días antes, el Instituto de la Juventud (INJUVE) había convocado a un concierto de bandas emergentes como parte de las actividades en la ciudad debido a la fiesta mundialista que vive el país. La cita era sencilla: un kiosco, entrada libre y varias agrupaciones dispuestas a demostrar por qué comenzaban a hacerse un nombre.


El sol caía con fuerza sobre la Alameda rodeado de nubes que no cubrían la blanca luz del gran astro. Las sombrillas aparecieron como pequeñas islas de sombra entre los asistentes, mientras el calor obligaba a buscar cualquier refugio posible. La espera parecía alargarse hasta que, desde las escaleras del kiosco, apareció un grupo de jóvenes cargando instrumentos.


Sin anuncios ni ceremonias, tomaron sus lugares. Un golpe de batería rompió el murmullo del parque. Después llegó el primer riff de guitarra. Bastó ese sonido para que el público respondiera con aplausos. Comenzaba la jornada musical en las inmediaciones de la Alameda.


The Velvet Nova fue la encargada de abrir la jornada. Eran poco más de las tres de la tarde cuando las primeras notas comenzaron a llenar la Alameda. Poco a poco las cabezas de las personas siguieron el compás; otros marcaron el ritmo con las palmas. Quienes ya conocían a la banda coreaban las canciones, mientras los recién llegados sacaban el teléfono para buscar sus redes sociales. Durante media hora, el kiosco dejó de ser un punto más en la Alameda y se convirtió en el centro de atención del parque.


Al terminar su participación, la banda cerró su presentación entre los aplausos de quienes presenciaron su acto. En el micrófono, el vocalista preguntó: “¿Podemos tomarnos una foto?”. La aglomeración respondió afirmativamente y posó detrás de la banda, que se despedía tras el disparo de la cámara, dejando a un público en espera de la siguiente presentación. 


Otra vez, los técnicos tomaron la batuta. El cambio de equipo permitió a la gente reacomodarse: algunos cazaban la escasa sombra de los árboles; otros buscaban calmar la sed. Poco tiempo fue necesario. Las bocinas volvieron a retumbar, pues Futura Club se presentaba. Cinco jóvenes tomaban el escenario. 


La segunda agrupación, Futura Club, encontró un escenario distinto. Entre la multitud sobresalía un cartel de cartón decorado con letras de foami. No era un anuncio ni una manta oficial; era el trabajo de un fan. Desde el escenario, los músicos lo vieron de inmediato. Sonrieron, intercambiaron miradas y, por un instante, la emoción dejó de escucharse para verse en sus rostros.


Algunas de sus composiciones resonaban en la Alameda. “Satélite”, “Vendaval” y “Bailando Sola” fueron algunas de las canciones que acompañaron a los asistentes. Tras otra media hora de baile y canto, los últimos baquetazos cerraron su participación. El público aplaudía; el grupo se acercó a los barandales y, como muestra de aprecio, lanzó al mar de gente sus plumillas antes de tomarse la foto de un acto bien recibido.


La transición fue similar. Los ingenieros volvieron al plató para preparar los aspectos técnicos del audio. El sol, apaciguado por la música, terminaba de vestirse con nubes para no molestar a los oyentes.


Tristán Trueno tomó el escenario y presentó a sus músicos, “sus relámpagos”. Tal vez fue una anticipación al clima o solo un comentario que enceló al cielo, que durante la siguiente media hora comenzó a tornarse gris. El sol, cansado, dejaba el cielo; la música, esa continuaba su función.


Con cada minuto que pasaba, las personas seguía llegando. Los murmullos comenzaban a preguntar: “¿Aún no van Los Vaguens?”. Todos esperaban el espectáculo estelar de la tarde mientras escuchaban “Fuente Paraíso” bajo el cielo dominical.


Los aplausos despidieron a la agrupación luego de ver volar pósters y playeras hacia la gente, regalando, aunque fuera un poco, del cariño que recibieron los artistas.


El silencio que acompañaba al staff acrecentaba la duda de los asistentes.

—¿Los siguientes son Los Vaguens, no?

—Creo que aún falta uno...


La incómoda espera se apaciguó con el rechinido de una voz que gritó:

—¡ANDRU!


El bajista de Sueño a Marte volteó y sonrió hacia el público.


Nuevamente, el público acompañaba a la banda. El cielo, celoso, comenzaba a mostrar su ira y su cansancio de la larga tarde. Unas pequeñas gotas comenzaron a caer junto con la melancólica melodía del cover de “Porque te vas”, interpretado por los tres músicos de Sueño a Marte.


Al terminar, una frase motivó al público, que ya temía al clima mientras esperaba el acto estelar.


—Los dejamos con Los Vaguens.


La bulla de los asistentes cimbró la Alameda. El cielo resintió el sonido y comenzó a precipitar las gotas sobre el grupo de personas que durante dos horas cantó, bailó y danzó sobre el suelo de la capital.


Pasaban los minutos. Por primera vez, el equipo técnico se enfrentaba a problemas. Entre cables y bocinas, el audio presentaba imperfecciones. La lluvia amenazaba a los presentes; el desespero se hacía presente entre chiflidos. La espera se hacía eterna y la lluvia no dejaba de presionar.


No es raro que el sonido de las olas acompañe a la banda originaria de Acapulco. A lo lejos, en las bocinas, un audio presentaba grandilocuentemente a Los Vaguens.


La gente, que anteriormente respetaba la circunferencia del kiosco, se acercó lo más posible para ver a los músicos. La pequeña estampida avanzó hasta el borde de aquel templete de la Alameda.


Axel Mastache, vocalista y bajista, y Javier Bennetts, guitarrista, se acercaron al barandal y saludaron al público, que coreaba al unísono el nombre de la banda.


A pesar de que la lluvia no cesaba, el sonido de “Júpiter” pareció enfadarla: y fue así como lluvia y música comenzaron, casi como hermanas, una buscaba dispersar al público; la otra lo unía en una sola voz.


El retumbar de la música no cesaba; la lluvia tampoco. Los asistentes buscaban cubrirse con cualquier cosa: paraguas, bolsas o la modesta lona colocada por el INJUVE para anunciar el concierto.


El problema climático amenazaba con acabar el acto. Luego de la interpretación de “Girasoles”, un miembro del personal se acercó al grupo y anunció que el concierto debía terminar a causa del mal clima. Ante la situación, Axel exclamó:


"Todos los días ha estado lloviendo, pero no todos los días están Los Vaguens en la Alameda"

Entonces comenzó a sonar “Disco Malibú” como último acto de la tarde.


La gente, inconforme, pedía más. El clima, necio, aumentó la lluvia; la gente aumentó los gritos; Los Vaguens continuaron.


Bajo el agua, el público no dejaba de brincar y cantar, sin importar las gotas que escurrían por sus cuerpos. El calor de los asistentes nublaba el paisaje mientras Los Vaguens amenizaban la tormenta con “Lo que soy”.

La banda se despedía, pero el público no la soltaba. Continuaron con «Penurias». Algunos coreaban a todo pulmón; otros ocultaban las lágrimas de su melancolía entre las gotas de lluvia. La banda no quería abandonar a los asistentes que habían esperado horas por su llegada y cerró, más por obligación que por gusto, con “Los Amantes”.


Al finalizar, Axel se acercó al barandal para despedirse del grupo de oyentes. Poco a poco, la gente comenzó a dispersarse. La lluvia seguía empapando el piso de la ciudad; la noche comenzaba a cubrir la Alameda y las luces alumbraban la retirada de los asistentes.


Esa tarde no fue un domingo cualquiera. Fue un domingo de música y lluvia en la Alameda Central.


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