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“Verano entre Hamacas: Berriozábal”. La innovación de un tejido y una  tradición  que ayuda a preservar la cultura. 

  • 15 jul
  • 5 min de lectura

Por: Abigaëlle Saintilmond

29 de junio de 2026


Mural en Casa Chiapas. Foto tomada por Abigaëlle Saintilmond 
Mural en Casa Chiapas. Foto tomada por Abigaëlle Saintilmond 

Ciudad de México. Es miércoles 24 de junio de 2026, son las cuatro de la tarde, ya inició el verano y me encuentro en la Colonia Juárez, en la alcaldía Cuauhtémoc. Mientras camino en la calle, me voy sumergiendo en un mar de gente que lleva las camisas verdes de la selección mexicana por el partido México-Chequia, que iba a iniciar a las siete de la tarde. Veo cómo el día nublado les da un toque gris a los edificios que hay a mi alrededor hasta que llego a mi destino, la Casa Chiapas, un pequeño espacio cultural que le hace honor a la cultura y tradiciones de ese estado del suroeste de la república mexicana. Dejo el bullicio de la calle y el color gris de los edificios para entrar a un pasillo perfumado y colorido gracias a los listones de colores verde, amarillo, rojo, azul y morado que están suspendidos en el techo, como si tuviera un arcoíris encima; las canastas llenas de flores de anturio rojo y blanco, bugambilias y helechos, que ornamentan las paredes y una iluminación de luz cálida, que vuelve acogedor el ambiente y combate la frialdad que me dejó la calle hace rato. El pasillo es estrecho, largo y está despejado,  en cada lado de la pared hay una sola fila de bancos de madera largos que están pegados a las paredes, para que los invitados queden uno al lado del otro.  Me siento en uno de los bancos para esperar el comienzo de la pasarela y el conversatorio sobre las hamacas y el tejido de hamaca. 


Hamacas, un objeto que presenta la dualidad de ser un ornamento y una cama, resulta ser un objeto artesanal representativo del municipio chiapaneco de Berriozábal, que cuenta con más de 1800 artesanos que se dedican al tejido de hamacas. Más gente comienza a llegar, es una mezcla de adultos jóvenes con adultos mayores y todos van vestidos de ropa casual, todos se sientan en las bancas de madera al igual que yo. En frente mío tengo la bocina que está pasando música de marimba, estar en esa casa y escuchar esa música de inmediato me transporta a Chiapas, la Ciudad de México no existe por ahora. Algunas personas comienzan a moverse al ritmo de la música en sus asientos, el ambiente es relajado y me invita a conversar con algunas personas, les pregunto porque asistieron al evento, una me dice que es porque le gusta mucho el estado de Chiapas, otra persona me contesta que es originaria de Chiapas, pero lleva mucho tiempo viviendo en la ciudad de México y estar en “Casa Chiapas” le hacía recordar a su hogar, entre risas me dice que:

 “Uno siempre busca algo de la Tierra que lo vio nacer”

Esa frase enternece mi alma. Cuando faltan pocos minutos para que inicie la pasarela, se les ofrece a los invitados “posh”, una bebida destilada dulce, hecha de maíz, caña de azúcar y trigo que, en la cosmovisión de los pueblos tzotziles del estado de Chiapas, es una bebida que tiene propiedades curativas, en específico, es una bebida que cura el alma. Los invitados la aceptan alegremente, yo, por otro lado, como una persona que no le gusta el alcohol la acepto por amabilidad. Es una bebida fuerte, al beberla siento como si una llama de fuego  recorriera mi garganta, entré en calor y, por lo visto, no soy la única.  Después de beber el “posh”, los invitados están más alegres y ahora sí, comienza la pasarela. Los artesanos Irene Guadalupe Flores Gutiérrez, Brenda Berenice Jiménez Álvarez y Eduardo Hernández Ovando presentaron su habilidad y conocimientos del tejido en tres colecciones diferentes. Las tres colecciones exhiben elegantes camisas guayaberas y vestidos tipo guayabera cortos con forma recta y cuello redondo. Todas estas piezas están hechas de lino blanco, lino azul y lino negro. También aparecen sombreros hechos de yute. Todas estas prendas  y accesorios tienen  un común denominador, que es  el tejido de hamaca, que aparece en forma de tiras en cada una de las piezas, los artesanos  trasladaron esa técnica a la ropa. En ese ir y venir de modelos no sólo se está desplazando una pieza de indumentaria, se están desplazando años de tradición, esfuerzo e historia que quedaron plasmados en las tiras de tejido de hamaca que presentaban cada una de las prendas. 


El tejido en este evento es mucho más que ver un textil conformado por varios hilos entrelazados, el tejido se convierte en un vínculo que nos enlaza con los artesanos, con su trabajo, con su vida y con su cultura, la cual corre el riesgo de perecer si no se le da la atención adecuada, debido a que muchos de los artesanos de Berriozábal deben de competir con los diseños chinos de hamacas que han invadido el mercado mexicano, lo que trae como consecuencia, una disminución del valor de su trabajo.


La pasarela finaliza, el ambiente se inunda de ruidos de aplausos, nos vamos preparando para el siguiente evento que es un conversatorio sobre el trabajo de los artesanos de Berriozábal. El conversatorio no solo sirve para hablar del orgullo que ellos tienen por sus creaciones, del apoyo que recibieron del gobierno municipal para crear las colecciones de ropa o del nivel de dificultad que lleva confeccionar una hamaca, que puede llevar de 3 a 5 días de trabajo. Sirve para resaltar la vulnerabilidad que tienen los artesanos y su trabajo en un país, en un mercado, que no los hace su prioridad. Es una oportunidad para reflexionar sobre cómo la tradición del tejido de hamaca se ha visto mutilada por el desuso del hilo de Ixtle, un hilo que proviene de la planta de maguey, debido a que en Chiapas comienzan a escasear los terrenos donde se produce esta planta y, por lo tanto, los artesanos han tenido que reemplazarlo por el hilo de polipropileno.


Es un momento en el que los artesanos externalizan su miedo a que su tradición del tejido de hamaca siga siendo mutilada, hasta el punto de que ya no quede nada, porque eso implica borrar el conocimiento y el legado de varias generaciones. Otro temor es el de perder su sustento, con el que mantienen a sus familias, ya que la elaboración de hamacas es una de las principales actividades económicas en la región de Berriozábal y con la fuerte competencia que viene del exterior ofreciendo otro tipo de hamacas, varias de estas familias perderían parte de sus ingresos, afectando su calidad de vida. Pero afortunadamente, no todo en esa conversación es negativo, también se resalta lo positivo y aparece una chispa de esperanza que reside en la palabra “innovación”. Ellos han decidido expandir la técnica del tejido de hamaca más allá, para crear nuevas cosas, como la ropa que apareció en la pasarela, accesorios, entre otras cosas y seguirán en busca de más, además con esa innovación motivan a los jóvenes de su comunidad a seguir creando para preservar la tradición. Una vez concluido el conversatorio, finalizado el evento, los invitados se dirigen a la cafetería para participar en el taller de elaboración de hamacas en pequeños bastidores.


Ya oscureció, es hora de retirarme, pero me voy feliz y con el alma curada, porque hoy aprendí que una artesanía es mucho más que un objeto “bonito”; es un objeto, el cual implica esfuerzo humano; los materiales para su elaboración, representan su lugar de origen; es un reflejo de los años de perfección de una técnica heredada de una generación a otra, es un objeto del cual dependen varias vidas y, por último, sirve como un vínculo, el cual nos une con nuevas culturas, nuevas personas y con el pasado. Y mientras la sociedad y los gobiernos no estén dispuestos a proteger estos productos artesanales, es muy probable que estos se desvanezcan en el tiempo, así como la gente que los elabora.


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