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Un Paseo de Orgullo por Reforma

  • 15 jul
  • 3 min de lectura

Por: Andrés Mendoza | Ciudad de Mexico | 28 de junio de 2026


Foto: Andrés Mendoza
Foto: Andrés Mendoza

Banderas arcoíris ondeando entre los edificios, el sonido constante de los silbatos, personas levantando sus abanicos para saludar a quienes llegaban y música que se mezclaba con las voces de miles de asistentes transformaron Paseo de la Reforma en un escenario distinto al de cualquier otro sábado. Desde temprano, la avenida comenzó a llenarse de familias, parejas, amigos y personas que llegaban para marchar con orgullo. Poco a poco, la Ciudad de México volvió a convertirse en el punto de encuentro de una de las movilizaciones sociales más representativas del país, donde la celebración y la exigencia de derechos avanzaban de la mano.


El Ángel de la Independencia fue el punto de partida de la movilización. Mientras unos terminaban de acomodar las banderas sobre sus hombros, otros aprovechaban para tomarse fotografías o reencontrarse con amigos antes de iniciar el recorrido rumbo al Palacio de Bellas Artes. En los días previos existía incertidumbre sobre si la marcha modificaría su ruta debido a la instalación del Fan Fest del Mundial en el Zócalo. Sin embargo, los organizadores confirmaron que, como cada año, el recorrido llegaría hasta la Plaza de la Constitución. Conforme avanzaban los minutos, Paseo de la Reforma dejó de pertenecer a los automóviles para convertirse en un río de personas que, a lo largo de casi cuatro kilómetros, caminaría entre música, consignas y aplausos.


Bastaba recorrer unos metros para entender que no existía una sola forma de vivir la marcha. Entre la multitud caminaban familias completas, parejas, grupos de amigos y personas que asistían por primera vez. Algunas portaban elaborados disfraces; otras lucían maquillaje brillante, abanicos multicolores o enormes banderas que se mecían con el viento. Muchos llevaban carteles con mensajes que resumían el espíritu del lugar. Uno de ellos decía: "Tu valentía de hoy es tu libertad de mañana", mientras otros recordaban que el orgullo también es una forma de resistencia y de exigir el respeto a los derechos de todas las personas. A los costados de la avenida, vendedores ofrecían pulseras, banderas y accesorios con los colores del orgullo, mientras algunos jóvenes sostenían carteles invitando a intercambiar un beso o un abrazo con quienes quisieran sumarse a la celebración.


En el otro carril, aparecían los carros alegóricos, donde grupos de bailarines convertían el asfalto en una pista de baile al ritmo del pop, la música electrónica y los clásicos que hacían cantar y gritar a quienes observaban desde las banquetas. 


Más adelante aparecían estructuras de escenarios que más tarde serían testigos de diferentes shows para seguir celebrando de los cuales sobresalían los templetes instalados sobre la avenida. Aunque todavía permanecían en espera de sus artistas, unas horas después se convertirían en escenarios donde la música, el baile y distintos espectáculos prolongarían la celebración del Orgullo. La coincidencia con la Copa Mundial de Fútbol también se hacía evidente entre la multitud. Era común escuchar conversaciones en otros idiomas. En un punto del recorrido, un grupo de estadounidenses observaba la marcha mientras tomaba fotografías.


Entre los asistentes también se distinguía una joven coreana que caminaba y se veía sorprendida por la multitud. Atraídos por el ambiente de la ciudad durante el torneo, algunos visitantes extranjeros se detenían a mirar la movilización y otros decidían sumarse al recorrido. 


En un año en que la mirada internacional también estaba puesta sobre México por la Copa Mundial de Fútbol, la Marcha del Orgullo encontró una nueva forma de hacerse visible ante quienes llegaron desde otros países. Conforme al paso de las horas, la música dejó de sonar y Paseo de la Reforma recuperó su rutina y la movilización volvió a la normalidad. Como en cada edición, la marcha representó una oportunidad para visibilizar las demandas de la comunidad LGBTIQ+, promover el respeto a la diversidad y recordar que la igualdad de derechos sigue siendo una tarea vigente.


Foto: Andrés Mendoza.
Foto: Andrés Mendoza.

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