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Un Ángel llora

  • 15 jul
  • 3 min de lectura

Las dos caras de la fiesta tricolor: la unión de la afición y los riesgos de las celebraciones masivas.


Por: Jimena Reyes Baena y Nataly Maya

Fecha: 1 de julio de 2026

Lugar de cobertura: Ángel de la Independencia, Ciudad de México.


Foto: Jimena Reyes
Foto: Jimena Reyes

El Ángel de la Independencia volvió a convertirse en el punto de encuentro de miles de aficionados que celebraron el pase a octavos de final de la Selección Mexicana tras su victoria frente a Ecuador. Lo que comenzó como una noche de orgullo nacional, cánticos y unión entre desconocidos, poco a poco se transformó en una celebración donde también quedaron expuestos los riesgos de las aglomeraciones y la falta de condiciones adecuadas de seguridad.


Desde horas antes del encuentro, cientos de personas comenzaron a reunirse alrededor del monumento; con banderas, playeras de la Selección Mexicana, máscaras de luchadores, bocinas y espumas. Conforme avanzó la noche, el resultado favoreció al conjunto nacional y la afición convirtió el Ángel en un punto de encuentro donde predominaban los abrazos, los cantos y la emoción por el desempeño de la Selección Mexicana.


Familias, grupos de amigos e incluso personas que no se conocían compartían la misma alegría. El tradicional canto del “Cielito Lindo”, el grito de “¡México, México!” y dinámicas como el popular “quiere volar”, en el que un grupo de aficionados lanzaba al aire a una persona mientras coreaba “¡Quiere volar!”, formaron parte del ambiente festivo que predominó durante gran parte de la celebración, aunque también implicaban riesgos en medio de la multitud. 


La dimensión del festejo quedó reflejada en la cantidad de asistentes. De acuerdo con el Gobierno de la Ciudad de México, alrededor de 1.4 millones de personas participaron en las celebraciones realizadas en distintos puntos de la capital, entre ellos el Ángel de la Independencia y sus alrededores.


Sin embargo, conforme aumentó la concentración de personas, el ambiente comenzó a cambiar. Los accesos se volvieron más difíciles, los empujones eran constantes y desplazarse entre la multitud resultaba complicado. En distintos puntos también se registraron discusiones y peleas, algunas relacionadas con el consumo de alcohol y otras con la presión que ejercía la misma multitud.


Una de las asistentes fue Anahí Luna, quien acudió al Ángel junto con sus primos para celebrar el triunfo de la Selección Mexicana.


"Tras el triunfo de México vinimos a celebrar al Ángel porque queríamos vivir esa experiencia. Mis primos y yo disfrutamos mucho el ambiente y todo lo que la gente hacía; sin embargo, conforme nos acercamos al monumento comenzamos a pasar malos momentos. Nos costó mucho avanzar, nos empujaban constantemente y tuve miedo de caerme y que la gente me pisara. También vi varias discusiones que terminaron en peleas. Es triste que una celebración termine de esa manera", comentó Anahí Luna.

Al finalizar la celebración, el suelo permanecía cubierto de botellas, latas, vasos y otros residuos, reflejo del gran número de asistentes que permanecieron durante varias horas en la zona.


De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) y autoridades capitalinas, cuatro personas perdieron la vida durante los festejos por la victoria de la Selección Mexicana ante Ecuador. Tres fallecieron por asfixia tras quedar atrapadas entre la multitud y una más murió después de sufrir una emergencia médica, de acuerdo con la información oficial.


Tras lo ocurrido, autoridades de la Ciudad de México informaron que revisarán los protocolos de seguridad para futuras concentraciones masivas, con el objetivo de prevenir nuevos incidentes durante las celebraciones del Mundial.


El Ángel de la Independencia ha sido, durante décadas, el escenario donde la afición mexicana celebra algunos de los momentos más importantes del deporte nacional. La noche del triunfo frente a Ecuador volvió a reunir a miles de personas bajo un mismo sentimiento de orgullo; sin embargo, también recordó que la emoción colectiva puede transformarse en un riesgo cuando no existen las condiciones necesarias para garantizar la seguridad de quienes asisten.


Foto: Nataly Maya
Foto: Nataly Maya


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