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Festival “Chaneques del Bosque” en el FARO Azcapotzalco Xochicalli: Promoción de la cultura ambiental en la Ciudad de México

  • 20 jul
  • 9 min de lectura

Un evento hecho en el norte de la ciudad,  tiene como objetivo que las personas se sensibilicen ante temas de ecología y sustentabilidad. 


Por: Abigaëlle Saintilmond

Sábado 4 de julio de 2026 


Foto por: Abigaëlle Saintilmond
Foto por: Abigaëlle Saintilmond

Azcapotzalco, Ciudad de México Es el día sábado 4 de Julio de 2026, es medio día, el cielo está despejado y soleado. Llegué a la Fábrica de Artes y Oficios Azcapotzalco Xochicalli (FARO Azcapotzalco Xochicalli), ese día se estaba celebrando el festival “Chaneques del bosque”, era un proyecto que buscaba promover la cultura ambiental. Al llegar, esperaba un edificio con aspecto antiguo y muy ornamentado inspirado en el estilo barroco, pero lo que vi, fue todo lo opuesto, el espacio estaba conformado por varias construcciones de color beige, de forma cuadrada, que en la entrada tenían tiras metálicas negras, tenían un aspecto muy minimalista y moderno, mostrando líneas simples, cosa que no esperaría de un edificio donde se realizan actividades culturales, esperaba algo más exagerado y dramático. 


Los tonos apagados de esas construcciones eran levantados por las plantas que ornamentaban el suelo, había bugambilias rosas y naranjas,  plantas de hoja elegante, agaves, entre tantas más, que le daban un toque de color a esas construcciones. Los ruidos de los camiones provenientes de la central de autobuses que estaba al lado,  se entremezclaban con el bullicio de la gente que estaba montando sus puestos. En medio del calor, debido a que el sol pegaba directamente en la explanada, se alcanzaba a ver en esas plantas un poco de fauna polinizadora como colibríes y escarabajos, alimentándose de las plantas. Algo que irónicamente terminó siendo ad hoc al evento.


En la explanada del FARO, formando dos filas, estaban los puestos, protegidos por carpas blancas. En el lado izquierdo estaban los puestos de plantas y algunos productos orgánicos y, en el lado derecho, estaban los puestos que vendían artículos para ciclismo.


En medio de la explanada, hasta el fondo, estaba levantado un pequeño escenario donde comenzó un concierto de rock para animar el ambiente, la primera banda que se presentó era el grupo musical “Standard”.


Primero, por curiosidad, recorrí los puestos de plantas y productos orgánicos. Ahí me encontré con Alejandro Montoya, uno de los organizadores del evento, que me explicó que el FARO es una institución gubernamental que depende de la Secretaría de Cultura y  es una escuela que busca dar talleres de educación no convencional como artes plásticas, danza, producción de plantas, entre otros. En ese espacio también se generan eventos culturales como presentaciones de “Juego de pelota”, conciertos, círculos de lectura y Cineclubs.


Siguiendo  mi plática con Alejandro, descubrí que los puestos pertenecían a productores independientes de plantas y a los alumnos del “Taller de Huertos Urbanos” que se imparten en el mismo FARO Azcapotzalco Xochicalli. En las mesas se podían ver plantas carnívoras como la “venus atrapa moscas” y la “sarracenia” que causaban fascinación en la gente que las veía, debido a que en los eventos de plantas es más común ver especies ornamentales más tradicionales como helechos, costillas de adán y varios tipos de flores, no es habitual toparse con ese tipo de plantas que comen insectos, es raro de ver.


En otras mesas había varias plantas nativas del país como cactus y suculentas, estas eran las más importantes, porque uno de los objetivos del festival era generar conciencia sobre el cuidado de las plantas originarias del país. Entre todas esas plantas también había cosas curiosas como un alga que se conserva en un frasco lleno de agua, conocida con el nombre de “Marimo”, era una pelota verde redonda con aspecto gracioso que estaba contenida en un frasco de agua y su origen proviene de Europa y Asia. También, había “kokedamas”,  son plantas que están dentro de una “maceta sustentable”, consiste en un recipiente hecho de materiales naturales como la tierra y el musgo, esta técnica es de origen japonés. Así que en las mesas de plantas, se puede decir que estaban coexistiendo dos tipos de diversidades, por un lado, estaba la diversidad de flora de México, y del otro,  estaba un poco de la diversidad de flora  europea y asiática.


El siguiente lugar al que me dirigí fue una mesa que pertenecía a la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), ahí me encontré con algunas actividades lúdicas como una lotería sobre conceptos de cultura forestal, recortables de camiones y grúas forestales, había acuarelas y otros juegos de mesa, para que los adultos y los niños aprendieran sobre cultura forestal de una manera divertida. Ahí me puse a jugar “lotería” con uno de los encargados y en la partida, en vez de escuchar las típicas palabras como “La Chalupa” o “Las Jaras” , escuchabas conceptos de cultura forestal como “silvicultor” o “incendio forestal” que había que adivinar por medio de acertijos. Seguí caminando y me topé con un puesto que vendía productos orgánicos y sustentables provenientes de la miel y la cera de abejas. Había shampoos sólidos, que tenían la bondad de no tener empaque; bálsamos labiales, desodorantes en empaques biodegradables, frascos de miel y  bolsos reusables de manta de algodón para no gastar en bolsas de plástico que tenían dibujos de abejas y otros seres vivos. Después de recorrer ese lado de las carpas, pude concluir que el protagonista eran las plantas y los animales. 


La música del rock iba al compás de mis pasos en el festival. Mientras caminaba, me puse a ver a la gente que asistió, varios venían en bicicleta, era una combinación de niños, gente joven y gente adulta mayor, algunos venían acompañados de perros. Ver a todas esas personas de diferentes edades en ese evento,  me dio a entender que la preocupación por el cuidado del medio ambiente y la conservación de las plantas era asunto de varias generaciones y es un trabajo conjunto que sigue un ciclo. Se busca dejar una naturaleza en buen estado para los que están por venir, pero también se busca que esas futuras generaciones crezcan con la conciencia de seguir protegiendo el ambiente para sus sucesores. 


Decidí ir a platicar con algunos de los alumnos del “Taller de Huertos Urbanos”, que tenían su puesto de plantas, ellos me contaron  que estaban muy felices de estar allí y que el festival era un momento muy especial para ellos por su amor a las plantas. También, me contaron sus motivaciones para participar en el taller,  uno de ellos me dijo lo siguiente: “estudié biología y por eso me gustan las plantas. Estos talleres son importantes para mí, porque me permiten comprenderlas y el poder compartir mi conocimiento me motiva mucho”. 


Durante la conversación me revelaron que en el taller se le daba mucho valor a la preservación, propagación y mantenimiento de plantas nativas y locales del país como; las cactáceas y las suculentas, entre otras especies y por último, mencionaron algo muy curioso, que fue el hecho  de que en la zona de Azcapotzalco es muy significativo hacer este tipo de festival,  porque casi no hay oferta de eventos sobre plantas o de cultura ambiental en la parte norte de la Ciudad, generalmente los eventos se realizan en alcaldías ubicadas al centro de la Ciudad. Ese dato llamó mucho mi atención, porque el año pasado estuve en el “Festival de Flores y Jardines” en Polanco y me dio mucha curiosidad saber porqué ese evento se celebraba varias veces en esa zona, que está al centro de la ciudad, y no se hacía en la zona sur o norte. 


Eso me llevó a investigar un poco y me enteré que en las alcaldías del centro como lo son  Coyoacán y Miguel Hidalgo, que según el artículo “Un Cachito de Verde en la CDMX” (2024)  del periodista Hansel Villeda, resultan ser alcaldías, que junto a la Gustavo A. Madero, que es la única con orientación norte, concentran alrededor del 51. 4% de áreas verdes de toda la Ciudad. El hecho de que en esos puntos de la Ciudad de México se encuentren mayores extensiones de áreas verdes, que sirven como un espacio que facilita el organizar y hacer promoción a eventos de plantas y cultura ambiental como ferias y exposiciones, ayuda a explicar por qué se le da más prioridad y relevancia a este tipo de acontecimientos en la zona centro. También,  ayuda a deducir que probablemente en la zona norte no hay tanta existencia de zonas verdes para que los ciudadanos puedan disfrutarlas y pongan en práctica acciones de sustentabilidad para proteger el medio ambiente, haciendo que uno reflexione sobre la distribución de estas áreas, que debería de ser casi la misma en cada una de las alcaldías que conforman la Ciudad de México y,  no debería de concentrarse en una sola parte. 


Foto por: Abigaëlle Saintilmond
Foto por: Abigaëlle Saintilmond

Una vez que terminé de platicar con los alumnos y ver las plantas que ofrecían y, que habían sido resultado de su trabajo de propagación y preservación de plantas, caminé bajo el fuerte sol y me dirigí al lado derecho de los puestos. En esta fila, se dedicaban a vender puros objetos para ciclismo y bicicletas. Al llegar a ese lado,  me encontré con que había llantas de bicicleta; cascos; pulseras y cinturones reciclados, hechos con llanta de bicicleta, engranajes, asientos, pedales, manubrios, entre otras cosas más. Una vez que terminé mi recorrido por las dos filas de puestos, pude llegar a la conclusión de que ambos tenían en común la presentación de productos que ayudaban a cuidar el medio ambiente y preservarlo, todo encajaba. Las bicicletas son un medio de transporte que no emite gases contaminantes, lo cuales impiden que el proceso de fotosíntesis se pueda realizar de manera óptima, volviéndolo un medio de transporte amigable con las plantas que ayudan a la creación de más espacios verdes en la ciudad,  mejoran la calidad del aire contaminado que respiramos y motivan a la gente a aprender sobre su cuidado. 


A las dos de la tarde, se inauguró la exposición fotográfica “Centro de México: Mirada al aire libre” hecha por uno de los alumnos del Taller De Huertos Urbanos,   Adrián Alejandro Velázquez Bautista. La exposición consistía en fotografías sobre paisajes, insectos y animales de la Ciudad de México y otros estados a su alrededor como Huasca de Ocampo, en el Estado de Hidalgo; Camotepec, en  Puebla; la Laguna de Zumpango en Estado de México, entre otros. El propósito de la exposición era mostrar a través de las fotografías,  toda esa naturaleza y belleza que las personas nos perdemos y no vemos con detenimiento, por estar al pendiente de otras cosas. Esa fotografía del plano  detalle de la oruga comiendo una hoja o ese bosque en los “Dínamos”, cubierto por una densa niebla parecían ventanas a diferentes dimensiones donde estaban ocultos seres extraordinarios, esas imágenes exponían el aspecto imponente de la naturaleza, lo hermosa que es y cómo es que esos seres vivos extraordinarios  mencionados anteriormente, que pueden ser pequeños como esos insectos u hongos o grandes como los árboles y formaciones rocosas que parecen gigantes, pasan desapercibidos ante nuestros ojos, ya sea porque uno está distraído en el teléfono, porque se está muy metido en el estrés de la vida cotidiana o  estar  rodeado de edificios y banquetas de concreto que ocultan esos pequeños rincones de naturaleza, en vez de tomarse el tiempo de ir a áreas verdes.


Esa exposición fue un recordatorio de todo lo valioso que nos da la naturaleza y como las personas lo ignoramos. Al salir de la exposición fotográfica, apareció otra banda de rock llamada “The Noice” y me quedé de pie escuchando un poco de música, mis oídos alcanzaron a identificar piezas de AC/DC como “Highway to Hell” y “El Final” de Rostros Ocultos. Después, me cansé de estar de pie y me fui a sentar un rato, el cielo comenzaba a nublarse. Se iba a dar un taller de germinación de semillas de flor de Cempasúchil, y por curiosidad, decidí asistir al taller, ahí aprendí que es ideal germinar las semillas de esta flor nativa de México durante la época de lluvias. De manera torpe intenté llenar el cartón de huevo reciclado con la tierra y las semillas, en mi mente había pensamientos intrusivos de que esas plantas nunca iban a crecer y se iban a marchitar pronto, como ocurre con la mayoría de las plantas que he tenido. 


Terminando el Taller, me llevé felizmente mis semillas germinadas con la ilusión de tener mis flores para noviembre. Volví al pequeño concierto y seguí escuchando  Rock, más gente seguía llegando de la calle. El ambiente era relajado, tranquilo y agradable. 


Al llegar las seis de la tarde, el festival acabó, fue una buena experiencia donde pude convivir y estar rodeada de gente que ama la naturaleza, las plantas y el medio ambiente. Todas esas personas que participaron e hicieron el festival, tienen el derecho de llamarse “Chaneques del bosque” porque como esos seres espirituales del folclor mexicano que protegen la flora y la fauna nacional, esta gente tal vez no contará con poderes mágicos que resguarden a las plantas, pero si cuentan con la voluntad de proteger y preservar la flora y la fauna de su localidad por medio de su propagación y cuidado  y,   también por medio de la fabricación de esos productos reciclados y sostenibles que tienen bajo impacto ambiental al generar pocos residuos. Con este festival demuestran ser “protectores de la naturaleza”, cosa que hace mucha falta en una ciudad donde todavía nos falta tener mucha cultura ambiental. 


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