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Entre la nostalgia y la vigencia: La Gusana Ciega llena el Auditorio Nacional

  • hace 22 horas
  • 3 min de lectura

Por Diana Montes de Oca Heras.

Ciudad de México a 17 de julio del 2026


La noche del 30 de enero de 2026 La Gusana Ciega se presentó en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México ante un recinto lleno, en una noche que combinó la nostalgia de varias generaciones, la banda mexicana de rock alternativo inició su concierto alrededor de las 21:00 horas, con una respuesta inmediata del público.


Desde antes de comenzar el show, la gente coreaba sus canciones fuera del recinto, dentro, en las butacas se escuchaban murmullos, las luces bajaron y los primeros acordes sonaron, “No Puedo Verte” comenzó a sonar, gritos de euforia se escuchaban mientras, quienes llegaban tarde o salieron por bebidas, corrían de vuelta a sus lugares.



Combinando temas emblemáticos como “Tornasol”, “No puedo verte” y “Ella estrella” con otros más recientes como “Cuestión de Tiempo”, “Manzanas doradas” y otras.


Tejiendo una narrativa que iba y venía entre la nostalgia y los recuerdos de quienes crecieron con la banda en los años noventa, hasta la modernidad, con jóvenes que la han descubierto a través de plataformas digitales. Mostrando no solo la diversidad y  permanencia del grupo, si no, la capacidad del rock mexicano para resistir en un contexto dominado por otros géneros.


Desde el arranque, la respuesta del público fue inmediata: aplausos, gritos y una participación constante que se mantuvo a lo largo de toda la presentación.


A lo largo de más de dos horas, La Gusana Ciega construyó un recorrido musical en el que los asistentes, asumieron un rol activo dentro del espectáculo. Cada tema funcionó como un punto de conexión emocional, reforzando la relación entre la banda y su público, quienes corearon cada canción, gritaron eufóricos y algunos dejaban ver lágrimas con canciones como “La lluvia no se fue”, misma que nos transporta a una reflexión, a cerca de el paso del tiempo y la inevitabilidad de la pérdida.


Más allá del repertorio, uno de los elementos destacados de la noche fue la producción escénica. El uso de luces, cambios de intensidad y juegos de sombras permitió acompañar la narrativa de las canciones sin restar protagonismo a la música, como en “Yes Sir, I Can Boogie”, entre luces azules, rojas y cambio de intensidad observamos a Daniel, vocalista de la banda bailando al estilo de Michael Jackson, encendiendo por completo al público. Este equilibrio favoreció una experiencia inmersiva que logró sostener la atención. 


La banda, mostró solidez y dominio del escenario, apostando por la conexión generada por la música y las emotivas letras de las canciones. Sin grandes discursos. Solo la música hablo.


Hacia el cierre, la energía del público se mantuvo constante, culminando en una ovación que confirmó la recepción positiva del espectáculo. 


La salida del recinto, sobre Paseo de la Reforma, estuvo acompañada de comentarios favorables y una sensación general de satisfacción entre los asistentes. Los vendedores ambulantes gritaban ofertas de último minuto ofreciendo playeras con el logo de la banda, tazas, pulseras, stickers, etc.


La gente corría para alcanzar algún transporte y justo en medio de ese caos ¡Una propuesta de matrimonio! El bullicio de la venta se pausó por un segundo cuando el novio se puso de rodillas sobre las escaleras frente al auditorio. Alrededor, las risas de complicidad, los murmullos de sorpresa y una súbita explosión de aplausos inundaron el lugar, sellando de manera perfecta una velada donde las emociones simplemente desbordaron el auditorio. 


La presentación de La Gusana Ciega en el Auditorio Nacional no solo representó un recorrido por su trayectoria musical, sino también una reafirmación del lugar que ocupan dentro del panorama en el rock mexicano, la banda demostró que su música continúa siendo un referente capaz de convocar, emocionar y generar identidad en distintas generaciones, en un mundo inundado por nuevos géneros, música comercial y espectáculos carentes de conexión con el público, La Gusana Ciega, nos lleva a reflexionar sobre la industria musical y como el rock se convierte en un género de resistencia, que no sabemos el lugar que ocupará en el futuro, dentro de una industria que cambia más rápido que sus propios acordes.

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