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Entre la libertad de expresión y la responsabilidad pública: Gerardo Estrada Defensor de las audiencias de Canal 11

  • 16 jul
  • 7 min de lectura

Por: Daniela Lizzeth Vázquez Uribe

10 de julio 2026


Foto recuperada de la Pagina de canal once / Canalonce.mx
Foto recuperada de la Pagina de canal once / Canalonce.mx

Alcaldía Coyoacán, Ciudad de México. En un país donde millones de personas encienden diariamente el televisor, escuchan la radio o consumen información a través de plataformas digitales, pocas saben que cuentan con derechos como audiencias. El derecho a recibir información veraz, distinguir entre información y opinión, acceder a contenidos libres de discriminación o expresar inconformidades frente a los contenidos que consumen forman parte de un conjunto de garantías que, para muchos ciudadanos, permanece invisible.


Desde la Defensoría de las Audiencias de Canal Once, Gerardo Estrada trabaja para acercar esos derechos a la sociedad. Su labor consiste en mediar entre el medio público y quienes consumen su programación; promoviendo una comunicación más transparente, responsable y respetuosa del interés público. Sin embargo, llegar a ese cargo no fue producto del azar, sino el resultado de una trayectoria de más de cinco décadas marcadas por la defensa de la libertad de expresión y la convicción de que los medios públicos deben responder a la ciudadanía antes que al poder.


Mucho antes de convertirse en Defensor de las Audiencias, Estrada ya había aprendido que defender la pluralidad tenía costos. Sociólogo egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), inició su vida profesional dentro de la administración universitaria y posteriormente cursó una maestría en Europa. A su regreso, asumió la dirección de Radio Educación, donde encontró el espacio ideal para poner en práctica una idea que lo acompañaría durante toda su carrera: los medios públicos debían ser un lugar donde todas las voces pudieran expresarse.


Aquella apuesta, chocó con los límites políticos de la época. La emisora abrió espacios para la música de protesta, el jazz, el folclor latinoamericano y entrevistas con personajes críticos del gobierno. Apenas once meses después de asumir la dirección, le solicitaron su renuncia.


Lejos de modificar sus convicciones, aquella experiencia reafirmó su visión sobre la función social de los medios públicos.

"Yo creía que la libertad de expresión iba a llegar a México a través de los medios públicos, no a través de la radio comercial" comentó.

Después dirigiría el Instituto Mexicano de la Radio (IMER), el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) , ocuparía distintos cargos de promotor cultural y mantendría, (durante más de cincuenta años), una carrera como profesor de la UNAM. En cada uno de esos espacios encontró una constante: la defensa de la cultura, el diálogo y la pluralidad.


Su llegada a Canal Once ocurrió por invitación de José Antonio Álvarez Lima. Paradójicamente, reconoce que en un principio dudó en aceptar.


"Yo no estaba de acuerdo con estos gobiernos de la 4T. Para el senador Álvarez Lima eso era una ventaja porque se supone que el ombudsman es quien transmite las críticas que merecen esos medios, y para eso no hay que estar convencido del régimen que sea." contó.


Aunque su figura suele pasar desapercibida para gran parte de la población, la Defensoría de las Audiencias es un mecanismo creado para proteger los derechos de quienes consumen radio y televisión. Su función consiste en recibir, analizar y dar respuesta a las observaciones o inconformidades del público respecto a los contenidos difundidos por los medios, promoviendo el respeto a principios como la veracidad, la pluralidad, la no discriminación y la diferencia entre información y opinión. Más que representar los intereses de la dirección del canal, el defensor representa la voz de quienes diariamente consumen sus contenidos. 


Para Estrada, la Defensoría de las Audiencias es, sobre todo, un mecanismo democrático.

"La gente tiene alguien dentro de la estructura de la estación que no es un empleado de la dirección; se supone que es un ente libre que opina sobre los contenidos y transmite el punto de vista de los radioescuchas o de los televidentes."


A través de este mecanismo, cualquier persona puede comunicarse con la Defensoría para expresar dudas, presentar una inconformidad o solicitar una revisión sobre algún contenido transmitido. El defensor analiza cada caso y, cuando es necesario, consulta a las áreas responsables antes de emitir una respuesta fundamentada. 


Su labor no consiste en censurar periodistas, ni decidir qué programas deben transmitirse. Tampoco sustituye la libertad editorial del medio. Su función es revisar, argumentar y hacer visible la voz del público cuando considera que algún contenido puede vulnerar sus derechos. Lejos de convertirse en un órgano sancionador, la Defensoría busca generar diálogo.

"Yo creo que eso es muy saludable y muy importante para un proceso democrático." declaró


No obstante, Estrada reconoce que esta figura sigue siendo ampliamente desconocida en México.


Estrada considera que el principal desafío no es la existencia de la Defensoría, sino que las audiencias conozcan que cuentan con este mecanismo. Explica que, en México, muchas personas prefieren expresar sus inconformidades en redes sociales antes que acudir formalmente a la Defensoría, lo que limita el alcance de una herramienta pensada para fortalecer la participación ciudadana. 

"Creo que el público mexicano debería acostumbrarse a que estos instrumentos existen y que entonces es posible transmitir su desacuerdo o su acuerdo. Lamentablemente no son aprovechados al cien por ciento."

En buena medida, ese desconocimiento provoca que las personas recurren primero a las redes sociales para expresar su inconformidad, mientras la Defensoría continúa siendo un espacio poco utilizado.


Para Estrada, el principal derecho de las audiencias es recibir información confiable.

"El principal derecho que tiene la audiencia es que haya autenticidad en lo que se dice. Recibir información clara, transparente, con fuentes confiables. En primer lugar, la verdad."


A ese derecho añade otro igualmente importante: el derecho de las personas a expresar sus opiniones y a sentirse representadas dentro del espacio público.

"Las personas también tienen derecho a opinar libremente y a que su opinión se vea reflejada en los medios."


Sin embargo, advierte que ejercer esos derechos no significa exigir que los medios oculten aquello que resulta incómodo.

"Un medio público tampoco es una especie de censura para que no pasen cosas que no le gustan a la gente. A veces la realidad no gusta, pero eso es culpa de la realidad, no del medio."


La conversación avanza hacia otra de las confusiones más frecuentes: pensar que una Defensoría de las Audiencias funciona igual que un área de atención al público.


Mientras una oficina administrativa recibe comentarios o atiende solicitudes operativas, la Defensoría tiene la obligación de analizar cada caso desde una perspectiva ética y de derechos.

"La defensoría tiene que argumentar. Las críticas tienen que estar fundamentadas; no basta decir 'no me gusta'. Se trata de construir una crítica seria y profunda."


Cuando una inconformidad llega a la oficina, el procedimiento comienza consultando a las áreas responsables del contenido cuestionado. Si se trata de un problema técnico, se revisa con los departamentos correspondientes; si implica un posible conflicto jurídico o la vulneración de un derecho, también participan las áreas legales. Sólo después de escuchar todas las versiones, la Defensoría emite una respuesta razonada.

"Consultamos al área correspondiente, escuchamos sus argumentos y después hacemos una respuesta por parte nuestra."


Aunque el procedimiento está claramente establecido, admite que la mayoría de las quejas que recibe no están relacionadas con los contenidos. En su experiencia, las observaciones relacionadas con los contenidos son menos frecuentes de lo que esperaba. Estrada considera que esto no significa necesariamente que las audiencias estén conformes con la programación, sino que aún falta una cultura de participación que incentive a las personas a utilizar estos mecanismos institucionales para hacer valer sus derechos. 

"La gente se queja mucho de la señal, del sonido o de la imagen, pero no de los contenidos a fondo", mencionó

Para él, esto refleja un problema más profundo: las audiencias todavía no reconocen plenamente que tienen derechos frente a los medios de comunicación.


En un contexto donde las redes sociales y la inteligencia artificial han transformado la manera en que circula la información, Estrada considera que los desafíos para las audiencias también han cambiado.

"Ahora cada uno de nosotros puede expresarse directamente en las redes. Eso es una ventaja y una desventaja al mismo tiempo."


Por un lado, las plataformas digitales democratizan la expresión; por otro, facilitan la circulación de información falsa, opiniones sin contexto y narrativas que muchas veces sustituyen a los hechos. Frente a ello, sostiene que los medios públicos no pueden permanecer ajenos a la conversación digital.

"Las redes son un termómetro de la realidad. El canal tiene que estar atento a lo que se dice de él."

Sin embargo, insiste en que las redes sociales no sustituyen el papel institucional de la Defensoría, ésta puede ofrecer respuestas argumentadas, distinguir responsabilidades y abrir un diálogo más profundo que la inmediatez de Internet.


Después de recorrer una trayectoria que abarca la universidad, la cultura y los medios públicos, Estrada responde con sencillez cuando se le pregunta qué legado espera dejar.

"El legado es haberlo hecho discretamente bien. No aspiro a más reconocimiento que el esfuerzo por estar atento a lo que el público dice."


Antes de despedirse, vuelve sobre una idea que atravesó toda la conversación: la democracia no depende únicamente de instituciones fuertes, sino también de ciudadanos dispuestos a participar.

"En México nos hace falta aprender a discutir entre nosotros de manera civilizada. La realidad es mucho más compleja; todos tenemos derecho a opinar y también tenemos derecho a equivocarnos", declaró.


Para él, la crítica no representa una amenaza para los medios públicos; por el contrario, constituye una oportunidad para mejorar.

"No toda la crítica es una crítica destructiva. Juntos podemos construir otra realidad", señaló.


Más que una invitación a presentar quejas, sus palabras son un llamado a ejercer un derecho que todavía permanece poco conocido para las personas. Porque una audiencia crítica no es aquella que únicamente consume información, sino la que pregunta, cuestiona, participa y exige mejores contenidos. En esa relación entre ciudadanía y medios públicos, concluye Gerardo Estrada, también se fortalece la democracia.


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