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El verdadero underground

  • 14 jul
  • 13 min de lectura

Por: Jesús Hernandez

Ciudad de México, 4 de Julio de 2026


A las ocho de la noche, el bar Outline parecía demasiado grande.


Desde la banqueta, el establecimiento pasaba casi desapercibido entre los negocios de la avenida Oaxaca. Sólo una puerta abierta y el ir y venir de algunas personas permitían adivinar que, ahí dentro, algo estaba por ocurrir. Afuera, el frío de la colonia Roma obligaba a subir el cierre de la chamarra. Adentro, la temperatura era otra. El aire olía a cerveza recién servida, a distintos perfumes y a un tenue rastro de marihuana que aparecía y desaparecía entre las primeras conversaciones.


La luz era escasa. Una bola de espejos giraba lentamente sobre el techo mientras un reflejo rojo recorría las paredes del lugar. Todo parecía dispuesto para recibir una noche de celebración. Lo único que todavía faltaba era la gente.


A un costado de la entrada, integrantes del equipo de Ikoniko daban la bienvenida a los asistentes. Revisaban nombres en una lista, entregaban algunos stickers con la identidad de Digital Groünd (el nuevo EP de Ikoniko) y señalaban el camino hacia el interior del bar. No había filas. Quienes llegaban podían detenerse unos segundos a observar el lugar antes de avanzar hacia la barra o buscar una mesa.


Entre ellos apareció Ikoniko.


Ikoniko esperando por quienes horas más tarde corearían sus canciones - Foto por: Jesús Hernández
Ikoniko esperando por quienes horas más tarde corearían sus canciones - Foto por: Jesús Hernández

Sin reflectores ni anuncios, cruzó la puerta casi a la misma hora marcada en la invitación. Saludó a las pocas personas que se encontraban ahí, dejó sus cosas a un costado del escenario y pidió algo para comer. Después tomó asiento a unos metros de donde, unas horas más tarde, interpretaría las canciones de su EP, Digital Groünd.


La escena resultaba extraña para cualquiera acostumbrado a imaginar la distancia que suele existir entre un artista y su público.


No había camerinos, no había una zona privada, no había personal de seguridad marcando el camino.


Mientras esperaba el inicio del evento, Ikoniko conversaba con algunos conocidos, revisaba de vez en cuando su teléfono y levantaba la mirada hacia la puerta cada vez que alguien más llegaba al lugar.


La noche parecía avanzar mucho más despacio de lo que marcaba el reloj.

Entraban dos, después una pareja, más tarde tres amigos.

Nada más.


Fue entonces cuando comenzó a sonar la música.


DJ Clona apareció detrás de la consola y dejó que los primeros temas de reggaetón recorrieran el lugar. El volumen todavía permitía conversar sin levantar demasiado la voz. Algunas personas seguían el ritmo con un ligero movimiento de cabeza mientras otras levantaban por primera vez el vaso para brindar. Nadie bailaba todavía. No hacía falta. La música no buscaba robarse el protagonismo; parecía acompañar la espera.


Poco a poco comenzaron a llegar más personas.


No lo hicieron todas al mismo tiempo. Outline se fue llenando de la manera en que se llenan las reuniones entre amigos: alguien entraba, encontraba una cara conocida y el primer saludo terminaba convirtiéndose en una conversación. Un abrazo daba paso a otro. Una mesa reunía a tres personas y, minutos después, ya eran seis. La barra comenzaba a recibir más pedidos. Los hielos chocaban dentro de los vasos mientras el murmullo de las conversaciones crecía casi sin que nadie lo notara.


La bola de espejos seguía girando sobre el techo. La luz roja seguía siendo la misma. Lo que estaba cambiando era el movimiento.


Clona y UZ iniciando sus sets - Foto por: Jesús Hernández
Clona y UZ iniciando sus sets - Foto por: Jesús Hernández

Cuando UZ tomó el relevo en la consola. Los primeros pasos de baile aparecieron con cierta timidez, como si el lugar todavía estuviera terminando de decidir qué tipo de noche quería ser.

La respuesta llegó unos minutos después.


TBX tomó el micrófono y lanzó una pregunta que apenas necesitó unas cuantas palabras para cambiar el ambiente.

—¿Quién vino a perrear?


La respuesta estalló antes de que terminara la frase.

—¡Ahuevo!


Silbidos y gritos se escuchaban por todo el sitio.


Las primeras personas comenzaron a ocupar el espacio frente al escenario. Otras sacaron el celular para grabar. Los flashes de algunas cámaras iluminaron por un instante la penumbra del bar antes de devolverlo al rojo que lo había acompañado desde el principio.


Las conversaciones ya no eran aisladas. Las mesas comenzaban a quedarse pequeñas. El espacio frente al escenario se llenaba poco a poco y la música dejaba de escucharse únicamente desde las bocinas para empezar a sentirse también en los cuerpos de quienes seguían el ritmo entre sonrisas, abrazos y perreo.


La espera, por fin, empezaba a quedarse atrás.


Lo que todavía nadie imaginaba era que aquella noche terminaría recordándose mucho menos por un lanzamiento musical que por la manera en que un pequeño grupo de personas decidió celebrar el logro de uno de los suyos.


TBX tocando su set - Foto por: Jesús Hernández
TBX tocando su set - Foto por: Jesús Hernández

Fue así como comenzaron a aparecer algunos de los artistas que acompañaban a Ikoniko en el lanzamiento de Digital Groünd.


Ruzzo Doble ZZ fue de los primeros en llegar. Lo acompañaba 8 .am, ambos integrantes de La Fama. Apenas cruzaron la puerta comenzaron los saludos. No hubo anuncios ni una voz presentándolos por las bocinas. Simplemente caminaron entre las personas, estrecharon manos, repartieron abrazos y se detuvieron a conversar con quienes ya estaban ahí. Minutos después apareció José Alatorre. Más tarde llegó Alumix junto a Zkiper Mami. La escena se repetía una y otra vez con una naturalidad que hacía difícil distinguir dónde terminaba el público y dónde comenzaban los artistas.


No existían las prisas ni las barreras.


Los invitados pedían una cerveza en la misma barra que el resto de los asistentes. Posaban para una fotografía cuando alguien se los pedía y, apenas terminaba el flash, retomaban la conversación exactamente donde la habían dejado. Quien llegaba esperando encontrar la distancia habitual entre escenario y público descubría otra cosa.


Mientras tanto, la música seguía creciendo.


Outline nunca terminó de llenarse, pero sí dejó de sentirse vacío - Foto por: Jesús Hernández
Outline nunca terminó de llenarse, pero sí dejó de sentirse vacío - Foto por: Jesús Hernández

Outline había dejado de sentirse grande, no porque hubiera llegado una multitud. En realidad, el lugar nunca estuvo completamente lleno. Eran poco más de cincuenta personas, quizá algunas más. Lo suficiente para que el espacio cambiara de forma. Donde antes sobraban mesas ahora comenzaban a faltar lugares para quedarse de pie. Donde antes podían distinguirse conversaciones aisladas ahora sólo existía un murmullo constante atravesado por los graves del reggaetón.


La primera gran ovación de la noche llegó poco antes de las once.

Ruzzo Doble ZZ tomó el micrófono mientras el público terminaba de reunirse frente al escenario. Bastaron los primeros versos para que varias voces comenzaran a seguirlo. Ya no importaba si la canción era conocida o si se trataba de un adelanto de un proyecto futuro. Lo importante era acompañar el momento.


Ruzzo Doble ZZ comenzando su presentación - Foto por: Jesús Hernández
Ruzzo Doble ZZ comenzando su presentación - Foto por: Jesús Hernández

Entre una canción y otra llamó a 8 .am para interpretar juntos "ALZA LA MANO".


Antes de que la música volviera a sonar dejó escapar una frase que pasó casi desapercibida, pero que terminaría encontrando eco durante el resto de la noche.

Yo siempre llevo a La Fama a donde vaya.

No hizo falta explicar nada más.


Ruzzo Doble ZZ y 8 .am interpretando ALZA LA MANO - Foto por: Jesús Hernández 
Ruzzo Doble ZZ y 8 .am interpretando ALZA LA MANO - Foto por: Jesús Hernández 

Más adelante, Ruzzo invitó a José Alatorre, con quien interpretó "Descontrol". Nadie parecía esperar su turno para brillar, las canciones se iban entregando unas a otras como si cada artista entendiera que aquella noche el protagonismo tenía un solo destino.


Cuando Ruzzo terminó su presentación, José Alatorre ocupó su lugar casi sin dejar espacio para el silencio.

El público respondió de inmediato.


Publico eufórico por las presentaciones - Foto por: Jesús Hernández
Publico eufórico por las presentaciones - Foto por: Jesús Hernández

Las primeras palabras de "Se subió a la torre" bastaron para que varias personas levantaran la voz por encima de las bocinas. Después llegó "Suavetón" y, entre ambas, presentó dos canciones inéditas que formarían parte de su próximo álbum. Nadie preguntó cuándo saldrían. Bastó con escucharlas una vez para que algunos intentaran seguir el coro mientras otros levantaban el celular con la intención de guardar un fragmento de un tema que todavía no existía fuera de ese bar, la emoción ante estos temas se notaba entre los gritos y el baile.


José Alatorre comenzando su presentación - Foto por: Jesús Hernández
José Alatorre comenzando su presentación - Foto por: Jesús Hernández

El relevo fue para Alumix.

Los platos quedaron bajo sus manos y, apenas sonaron los primeros compases de sus famosas Ñero Sessions, colaboraciones con diversos artistas con base de reggaetón y cumbiatón, el ambiente volvió a transformarse. Zkiper Mami apareció para interpretar la Ñero Session 2 mientras el público acompañaba cada verso con la misma energía que había mostrado desde el inicio. Minutos después, José Alatorre regresó al escenario para presentar la Ñero Session que ambos acababan de grabar y cuyo lanzamiento estaba cada vez más cerca. No era una exclusiva anunciada con solemnidad. Era un regalo para quienes habían decidido estar ahí esa noche.


A esas alturas ya resultaba difícil encontrar a alguien sentado, era imposible no querer bailar al ritmo del cumbiatón tan característico de Alumix.


Alumix en los platos presentando su set - Foto por: Jesús Hernández
Alumix en los platos presentando su set - Foto por: Jesús Hernández

Todas las miradas estaban puestas en el mismo lugar. El anfitrión todavía no había tomado el micrófono.

Cuando el reloj se acercó a la medianoche, ya casi nadie permanecía lejos del escenario.


Ikoniko subiendo al escenario para comenzar su presentación - Foto por: Jesús Hernández
Ikoniko subiendo al escenario para comenzar su presentación - Foto por: Jesús Hernández

Ikoniko subió al escenario, el joven originario de Xochimilco que meses atrás había comenzado a construir Digital Groünd y que, unos meses después de aquella noche, compartiría cartel con algunos de los nombres más importantes del reggaetón en el Coca-Cola Flow Fest. Sin embargo, en ese momento nada de eso parecía importar. Frente a él no había miles de personas. Apenas unas decenas ocupaban el pequeño espacio de Outline. Y, aun así, la emoción con la que tomó el micrófono hacía pensar que no habría preferido estar en ningún otro lugar.


Miró alrededor durante unos segundos y sonrió.


Después dejó escapar una frase que terminó de romper la última distancia que podía existir entre el escenario y el público.


Me siento en familia con todos ustedes, cabrones... Somos pocos, pero somos un verdadero desvergue

La respuesta fue inmediata.

Un "¡ahuevo!" largo y desordenado atravesó el bar. Algunos silbaron. Otros comenzaron a aplaudir antes de que sonara la primera pista. No era el recibimiento reservado para una estrella inalcanzable. Era el entusiasmo con el que se recibe a alguien cuya historia muchos de los presentes habían visto construirse paso a paso.


Ikoniko recibiendo la ovación del público - Foto por: Jesús Hernández 
Ikoniko recibiendo la ovación del público - Foto por: Jesús Hernández 

Los primeros segundos de "1PERREO" terminaron de encender el lugar.


Los cuerpos comenzaron a moverse al mismo ritmo. Quienes ocupaban las primeras filas cantaban mirando directamente al escenario. Las canciones dejaban de pertenecer a Ikoniko en cuanto salían de los amplificadores. Cada coro encontraba decenas de voces dispuestas a apropiarse de sus canciones.


Ikoniko y José Alatorre compartiendo un abrazo - Foto por: Jesús Hernández 
Ikoniko y José Alatorre compartiendo un abrazo - Foto por: Jesús Hernández 

Más tarde, José Alatorre volvió al escenario para interpretar junto a él "NOCHE DE ROBO". Alumix apareció nuevamente para compartir "IKONIKA". Cuando comenzaron los primeros acordes de "LA LLAMA ROJA", el público se adelantó incluso a la música.

—¡Esa no!

—¡Wey, mi rola!


Los gritos nacían desde distintos puntos del bar y se mezclaban con las risas. Ruzzo Doble ZZ regresó para interpretar "PESADILLA.WAV". No había una sola colaboración que se sintiera protocolaria. Cada artista parecía subir al escenario con la misma ilusión con la que un amigo aparece en la celebración de otro.


Ikoniko y Ruzzo Doble ZZ interpretando PESADILLA.WAV - Foto por: Jesús Hernández 
Ikoniko y Ruzzo Doble ZZ interpretando PESADILLA.WAV - Foto por: Jesús Hernández 

A esas alturas, el lanzamiento de Digital Groünd ya no parecía únicamente la presentación de un EP. Parecía el punto de encuentro de una escena que había decidido detenerse unas horas para celebrar el crecimiento de uno de los suyos.


La música se detuvo por un instante.


Alumix dejó los platos y tomó el micrófono.


Por primera vez desde que había comenzado el show, el público guardó silencio sin que nadie se lo pidiera. No fue un silencio incómodo. Fue el que aparece cuando todos intuyen que está por decirse algo importante.


Alumix miró a Ikoniko antes de hablar.


No buscó presentar la siguiente canción. Tampoco intentó levantar el ánimo del público. Habló con la serenidad de quien ha recorrido ese mismo camino y reconoce, frente a todos, el esfuerzo de alguien más.


Le dijo que aquello apenas era el comienzo. Que vendrían escenarios más grandes. Que llegarían más canciones. Más oportunidades.

Después sonrió y soltó una frase que encendió el ambiente.

Te lo juro... jamás había visto un cabrón tan versátil como tú

Ikoniko bajó la mirada y sonrió con una mezcla de orgullo e incredulidad. Parecía buscar una respuesta, pero terminó encontrando un abrazo.

Ambos se estrecharon con fuerza.

Después compartieron un trago directamente de la botella, como si el brindis perteneciera tanto a ellos como a todos los que seguían frente al escenario.


El reconocimiento de Alumix convirtió el lanzamiento de un EP en el abrazó de toda una escena - Foto por: Jesús Hernández 
El reconocimiento de Alumix convirtió el lanzamiento de un EP en el abrazó de toda una escena - Foto por: Jesús Hernández 

Cuando volvió a tomar el micrófono, la voz de Ikoniko sonó distinta, pues ya no había euforia.

Había agradecimiento.

—Lo he hecho para todos ustedes. Le he metido el corazón... las pinches pelotas... todo. De verdad, muchísimas gracias por estar aquí.


Las manos comenzaron a chocar unas con otras mientras los gritos volvían a llenar Outline. Otros señalaban hacia el escenario. Varios se limitaban a sonreír mirando a Nicolás, como si entendieran perfectamente todo lo que significaba llegar hasta ese momento.


Ikoniko terminó de agradecer y sonrió hacia la consola, esperando que comenzara la siguiente pista…


No ocurrió nada.


Los primeros segundos pasaron casi desapercibidos. Del otro lado del escenario alguien revisó la computadora. Otro integrante del equipo se acercó a la consola y dijo algo que el público no alcanzó a escuchar. Ikoniko volvió la mirada hacia ellos, esperando una señal para continuar. La respuesta nunca llegó.


El silencio comenzó a hacerse visible.


No era un silencio absoluto. Las conversaciones regresaron poco a poco, algunos aprovecharon para dar otro trago a la cerveza y desde el fondo del bar alguien preguntó qué estaba pasando. Sobre el escenario, Ikoniko esperaba. No caminaba de un lado a otro. No desaparecía detrás de una puerta. Permanecía ahí, mirando de vez en cuando hacia la cabina mientras intentaba entender por qué las canciones se habían detenido.


Pasó casi un minuto.

Después otro más.

La siguiente pista seguía sin aparecer.


En cualquier otro concierto, probablemente ese habría sido el momento en que el público comenzaría a desesperarse, pero aquella noche ocurrió algo distinto.


Desde algún punto de Outline se escuchó una voz.

—¡Arrabalera!

Ikoniko levantó la cabeza y respondió de inmediato.

—…cachetona, quiere de mi FIFO…


No hizo falta nada más.

Una voz se convirtió en cinco.

Cinco en veinte.

Y, antes de que terminara el primer verso, prácticamente todo el bar estaba cantando. No necesitaban de una pista para poder hacerse sonar.


Las bocinas seguían en silencio, sin embargo, nadie pareció notarlo.


Cuando terminaron de cantar, los aplausos volvieron a llenar el lugar. Ikoniko soltó una carcajada, hizo una broma con quienes seguían intentando resolver el problema técnico y volvió a acercarse al borde del escenario.

—¿Qué pasó, DJ? No mames…


Las risas aparecieron de inmediato.


Las fallas técnicas continuaban en el lugar, pero nadie estaba dispuesto a dejar el lugar en silencio- Foto por: Jesús Hernández 
Las fallas técnicas continuaban en el lugar, pero nadie estaba dispuesto a dejar el lugar en silencio- Foto por: Jesús Hernández 

El ambiente, contra toda lógica, seguía creciendo.


Sin música de fondo, la conversación comenzó a ocupar el lugar de las canciones. Ikoniko aprovechó la pausa para hablar con quienes permanecían frente a él. Contó que había escrito “Cartas de Amor” para su novia, la buscó con la mirada y la señaló entre el público.

—La hice para ti… para ti, mis ojos. Los ojos de mi vida.


No alcanzó a terminar la frase cuando comenzaron los gritos.

—¡Beso, beso, beso!


Ella subió hasta el escenario, se abrazaron y se besaron.


Por un instante, el lanzamiento de un disco dejó de parecer el centro de la noche.


Las carcajadas regresaron cuando alguien, desde el fondo del bar, rompió el momento con una frase que hizo reír incluso a Ikoniko.

—¡No coman enfrente de los pobres!


Él volvió a tomar el micrófono.

—Encontrar el amor en la vida es algo muy especial… de verdad se los recomiendo.


Ikoniko y su novia compartiendo un momento romántico - Foto por: Jesús Hernández 
Ikoniko y su novia compartiendo un momento romántico - Foto por: Jesús Hernández 

Las canciones seguían sin aparecer.

La consola continuaba sin responder.


Entonces, entre bromas, Ikoniko lanzó una ocurrencia mirando hacia la cabina.

—Aunque sea que alguien se conecte al Bluetooth…


La frase provocó algunas risas.

Parecía una forma más de hacer llevadera la espera.

Hasta que alguien levantó una pequeña bocina portátil, era imposible no verla, apenas cabía en una mano.

Resultaba casi ridícula frente al equipo de audio instalado en Outline.


Ikoniko la señaló de inmediato.

—Pon "AKOLATRONIK".


Unos segundos después, la canción comenzó a salir de aquel diminuto altavoz.

El volumen apenas alcanzaba para llenar unos cuantos metros, pero no importó.

Ikoniko acercó el micrófono a la bocina y empezó a cantar.

El resto lo hizo el público.


Las voces crecieron mucho más que el propio altavoz. Quienes ocupaban las primeras filas levantaban el brazo libre mientras sostenían el vaso con la otra mano. Otros seguían grabando con el celular, conscientes de que estaban presenciando algo que nadie había planeado. Los flashes seguían apareciendo entre la penumbra roja del bar, iluminando por instantes una escena que parecía desafiar cualquier lógica.


Fue entonces cuando una voz atravesó el coro.

¡Eso sí es under y no mamadas!

Bastó mirar alrededor. Nadie se había ido. Todos seguían cantando.


Una bocina portátil terminó sosteniendo el momento más inolvidable de la noche - Foto por: Jesús Hernández 
Una bocina portátil terminó sosteniendo el momento más inolvidable de la noche - Foto por: Jesús Hernández 

Entonces las bocinas despertaron.


Los primeros acordes arrancaron un aplauso que sonó distinto a todos los anteriores, pues no celebraban una canción.

Celebraban que la noche seguía viva.


Ikoniko levantó el micrófono con una sonrisa que parecía mezclar alivio y sorpresa.

—Ojalá no llegue así al Flow Fest… imagínense llegar así al Flow Fest.


Las carcajadas recorrieron Outline una vez más y la música volvió a llenar el bar.


Sonaron "SABOR FERRARI", "BABYFRESI" y "DOGGYSTYLE".


Pero algo había cambiado.

Las fallas técnicas habían quedado atrás.

La sensación de que aquella noche pertenecía a todos, no.


Ikoniko interpretando sus últimos temas de la noche - Foto por: Jesús Hernández 
Ikoniko interpretando sus últimos temas de la noche - Foto por: Jesús Hernández 

Las últimas canciones transcurrieron entre abrazos sobre el escenario, celulares que seguían grabando y un público que ya no necesitaba demostraciones para saber que estaba viviendo algo difícil de repetir.


Las luces comenzaron a encenderse poco a poco, eran poco más de la 1:00 am. Algunos preguntaban dónde sería el after. Otros seguían conversando junto a la barra mientras terminaban la cerveza que habían dejado a medias durante el concierto. Ya no quedaban canciones por cantar. Sólo abrazos.


Ikoniko bajó del escenario con la misma tranquilidad con la que había entrado horas antes, cuando Outline todavía parecía demasiado grande. Caminó entre quienes permanecían en el lugar y comenzó a despedirse uno por uno. Un abrazo. Otro más. Una fotografía. Unas palabras. Del otro lado, algunos integrantes de Digital Groünd hacían exactamente lo mismo. Nadie parecía tener prisa por irse.


El fin de una noche de fiesta - Foto por: Jesús Hernández 
El fin de una noche de fiesta - Foto por: Jesús Hernández 

Más allá del lanzamiento de un EP, aquella noche dejó ver una forma de construir comunidad que pocas veces aparece cuando se habla de la escena urbana. En Outline no sólo se reunieron artistas y público; se reunieron amigos, colaboradores, productores, fotógrafos y seguidores para celebrar el crecimiento de uno de los suyos. Entre abrazos, colaboraciones improvisadas y una bocina Bluetooth que evitó que el concierto terminara antes de tiempo, quedó claro que la fuerza de esta escena no depende del tamaño de los escenarios, sino de las relaciones que ha construido entre quienes la conforman.


Quizá por eso, cuando alguien gritó "¡Eso sí es under y no mamadas!", sin proponérselo, había resumido todo lo que ocurrió esa noche.


Porque el verdadero underground nunca estuvo en el tamaño del escenario.

Estuvo en la gente que decidió quedarse.


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